
Cada agosto conmemoramos el Mes de la Niñez, una oportunidad para recordar que los derechos de niños, niñas y adolescentes deben estar presentes todos los días del año. Más allá de una fecha en el calendario, es una invitación a reflexionar sobre la responsabilidad compartida que tenemos como sociedad para garantizar su bienestar, desarrollo y protección.
Este año, esa reflexión adquiere un significado especial para la Región de Coquimbo. Las consecuencias del reciente sistema frontal nos han recordado que las emergencias no solo afectan caminos, viviendas o servicios básicos; también alteran la vida cotidiana de niños, niñas y adolescentes, quienes necesitan estabilidad, contención y adultos que resguarden sus derechos en momentos de incertidumbre.
Frente a situaciones como estas, el compromiso con la niñez cobra aún más fuerza. La protección no puede detenerse cuando enfrentamos una contingencia. Por el contrario, es precisamente en esos momentos cuando debemos reforzar la coordinación, la solidaridad y el trabajo conjunto para asegurar que cada niño, niña y adolescente continúe recibiendo el cuidado y la atención que necesita.
La respuesta que hemos visto en nuestra región demuestra que la protección de la infancia es una tarea compartida. Instituciones públicas, municipios, organismos colaboradores, equipos de emergencia y comunidades han sumado esfuerzos para enfrentar esta contingencia, siempre poniendo en el centro el bienestar de las personas.
Como Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia, hemos mantenido un monitoreo permanente de las residencias y programas de la región, coordinando acciones para resguardar la continuidad de los cuidados de quienes se encuentran bajo nuestra protección. Esta labor responde a nuestra misión, pero también refleja una convicción: los derechos de niños, niñas y adolescentes no se suspenden frente a una emergencia.
En este Mes de la Niñez queremos hacer un llamado a renovar ese compromiso colectivo. Cuidar de la infancia no es solo una responsabilidad institucional, sino un deber de toda la sociedad. Cada acción de apoyo, cada gesto de empatía y cada decisión orientada a proteger a niños, niñas y adolescentes contribuye a construir una región más segura y un mejor futuro para todos.






