
(Adaptado de colaboración a Visión XXI, antiguo Boletín interno de C.M.P.)
Hace varios lustros y en una fecha que ha huido de mi memoria, un amigo me compartió que tenía “problemas con su dragón”, ante lo cual lo miré sorprendido y desconcertado, preguntándome: ¿A qué se estará refiriendo?. Cuando todos sabemos que los dragones son animales mitológicos que existen actualmente sólo en cuentos y películas infantiles como “Historia sin fin” (1984), en nuestra imaginación o como reminiscencia de antiguas culturas.
Intrigado como estaba me apresuré a preguntarle qué era lo que había querido decir y me explicó detalladamente que se refería a las relaciones con su esposa, Sorprendido como estaba no supe qué hacer ni qué decirle en ese momento tan inesperado y particular. No sabía si reírme, cambiarle el tema o preguntarle más detalles sobre el asunto. Al final me decidí por lo último y me contó sobre sus dificultades conyugales. En realidad nada fuera de lo común dentro de un matrimonio normal, pero para él se trataba de una situación que le causaba mucha pena y dolor
Su manera de expresarse entonces no tenía otro significado que transmitirme sus sentimientos y con ello la idea de lo mucho que le causaba dolor la situación: tanto como la quemadura que podría producirle el fuego que despide por su boca un dragón. Se supone además que un dragón emite una especie de bufido cuando lanza llamas, de modo que su comparación con la actitud de enojo de su esposa no podía ser más gráfica.
La comparación me causó una risa incontenible al comienzo, pero después descubrí el verdadero sentido de sus palabras. Recordé que efectivamente cuando tenemos un conflicto con nuestra pareja podemos llegar a decirnos cosas que pueden ser muy hirientes y dolorosas, impulsados exclusivamente por la rabia y el enojo del momento. Palabras que pueden ser en ocasiones muy duras, tanto que pueden causarnos heridas que cuesta mucho cicatrizar. Realmente duelen como debe ser la quemadura a fuego de un dragón.
Heridas que pueden permanecer abiertas durante mucho tiempo y causarnos aún más dolor cuando nuestros recuerdos nos acercan a ellas. Son heridas que sólo pueden llegar a curarse definitivamente con aquél bálsamo invisible que todo lo cura y que solamente los seres humanos somos capaces de entregar: EL AMOR.
Si lo pensamos bien, nos daremos cuenta que dentro de cada uno de nosotros existe un dragón dormido que se despertará solamente si lo provocamos. Entonces la clave está en no molestar al dragón, en no despertarlo ni desencadenar su enojo. Para ello lo mejor es cuidar su sueño y mantenerlo bien cuidado y alimentado.
Si así lo hacemos no tardaremos en descubrir también que el alimento que más le gusta a nuestro dragón es aquel que va acompañado de RESPETO, COMPRENSIÓN, CONFIANZA Y PERDÓN. Si le damos diariamente este alimento nuestro dragón permanecerá siempre satisfecho y no nos molestará. Tampoco experimentará la tentación ni tendrá necesidad de buscar afuera lo que no le proporcionan en su morada.
Mantener a nuestro dragón dormido, bien alimentado y satisfecho dependerá exclusivamente de cada uno de nosotros. De cómo lo cuidamos y del AMOR que seamos capaces de entregarle cada día… Y a propósito preguntémonos: ¿COMO ESTÁ SU DRAGÓN?…




