La Región de Coquimbo ha iniciado un hito histórico de planificación territorial. Liderado por el Gobierno Regional y encabezado por el gobernador Cristóbal Juliá, se ha puesto en marcha el pro-ceso para definir la futura Estrategia Regional Minera. Este nuevo instrumento busca integrarse a la Estrategia Regional de Desarrollo 2030 y a la de Innovación, con un propósito ambicioso: pro-yectar al sector como el gran motor de desarrollo, empleo e inversión para las próximas décadas.
Se trata de un desafío no menor. Nuestra zona posee una identidad minera innegable, con presen-cia activa en las 15 comunas de las tres provincias. Sin embargo, para que esta nueva hoja de ruta no se quede en meras intenciones, debe construir una gobernanza inclusiva donde convivan en una misma mesa el pirquinero, la pequeña y mediana minería, y la gran industria. La meta compar-tida debe ser transformar esa histórica vocación en bienestar tangible para las comunidades.
Para lograrlo, la estrategia regional no puede diseñarse al margen de las tendencias globales y de los grandes debates de la minería nacional. Tal como lo ha señalado el exministro Hernán de Solmi-nihac, el escenario actual impulsado por la transición energética y la inteligencia artificial exige dar un salto cualitativo: Chile y sus regiones deben pasar de ser meras potencias extractivas a ser po-tencias de capacidades mineras. Las prioridades del nuevo ciclo pasan por recuperar competitivi-dad, acelerar la inversión, incorporar tecnología, anticipar la infraestructura habilitante y formar proveedores de clase mundial con arraigo local.
En este engranaje, la sostenibilidad ambiental no es un accesorio, sino un requisito de legitimidad territorial. Y es aquí donde Coquimbo tiene la oportunidad de ponerse a la vanguardia abordando uno de sus pasivos más críticos: los relaves mineros. Como advierte Cristián Sánchez, académico de la Universidad Central, es urgente avanzar de la simple contención a la economía circular y la valorización de pasivos.
Nuestra región no solo debe lidiar con la gestión del agua y los impactos ambientales, sino también liderar la transición regulatoria y tecnológica para reincorporar estos materiales a la economía —como en la industria de la construcción— bajo estrictos parámetros de caracterización y trazabili-dad. Resolver qué relaves, para qué usos y bajo qué condiciones pueden reaprovecharse de forma segura, convertirá un riesgo en una oportunidad de innovación local.
La Estrategia Regional Minera ofrece la oportunidad perfecta para conectar estrategia, tecnología, gestión responsable y personas. Si el diálogo iniciado por el GORE logra integrar la productividad de la gran industria, el fomento a la pequeña minería, el desarrollo de proveedores y la circularidad ambiental, Coquimbo no solo asegurará su desarrollo por los próximos 50 años, sino que entrega-rá un modelo de minería sostenible y con identidad para todo el país.
Víctor H. Villagrán
Editor Semanario Tiempo





