El escenario macroeconómico nacional proyecta un cierre de año 2026 complejo, con un Imacec de septiembre que registró un modesto crecimiento interanual de 0,2% y una contracción desestacionalizada del 0,9% en doce meses. Esta ralentización, que anticipa una expansión cercana a cero para el último trimestre, responde al severo retroceso de la minería, cuya producción nacional cayó más del 12%.
En la Región de Coquimbo, las réplicas de esta desaceleración se perciben con nitidez. Según el INE, el Índice de Producción Minera regional cayó un 16,6% en el trimestre julio-septiembre, presionando los indicadores locales. Este comportamiento del motor extractivo ha impactado el mercado laboral, donde la desocupación alcanzó un 9,0% en el mismo periodo.
Aunque el comercio (con un alza de 4,5% impulsada por Fiestas Patrias) y la pesca mantuvieron cierta tracción, no logran compensar la caída minera ni absorber la mano de obra. A ello se suma la crisis del sector agrícola en los valles del Elqui, Limarí y Choapa: tras años de severa escasez hídrica, los productores enfrentan ahora la inestabilidad del cambio climático, marcada por lluvias inusuales y tardías en plena época de florecimiento y cosecha, lo que ha alterado los calendarios agrícolas, dañado cultivos y reducido la contratación temporal.
De cara al cierre de diciembre, la economía regional enfrenta el desafío de sortear un trimestre estancado. Las perspectivas para 2027 exigen acelerar la inversión pública en infraestructura hídrica y conectividad, además de otorgar certezas administrativas a proyectos sustentables. La dependencia de un único sector vuelve a mostrar sus límites. Para dar estabilidad a las familias de la zona, la articulación entre el Gobierno Regional, los municipios y los gremios privados debe enfocarse en incentivos reales a la diversificación productiva, el turismo sustentable y las pymes locales.
Víctor H. Villagrán
Editor Semanarario Tiempo