La tasa de desocupación del 9,0% registrada en la Región de Coquimbo para el trimestre julio-septiembre expone una fragilidad estructural que va más allá de los vaivenes estacionales. Aunque el indicador muestra una leve contención respecto al periodo inmediatamente anterior, el volumen de personas desempleadas roza las 40 mil, acumulando un incremento de más de seis mil personas en búsqueda activa de trabajo en comparación con el año pasado. El escenario ubica a la zona de manera persistente en la parte alta de la tabla de desempleo nacional, tensionando la cohesión social y la capacidad de ingreso de los hogares locales.
La radiografía territorial revela marcadas disparidades entre sus principales centros urbanos y valles. Mientras la conurbación La Serena-Coquimbo sostiene sus niveles de fuerza de trabajo apuntalada por los servicios y el comercio preestival, el panorama en la Provincia del Limarí resulta crítico. En Ovalle, el desempleo escaló hasta un alarmante 12,5%, reflejando el severo impacto de la contracción agrícola y la prolongada sequía que ha diezmado el empleo rural. En el Choapa, con Illapel como eje de servicios y logística, la actividad muestra una dependencia casi exclusiva de la dinámica minera para evitar un desplome de mayor magnitud en los indicadores ocupacionales.
A este mapa heterogéneo se suma la brecha de género, donde la tasa de desocupación femenina continúa situándose por sobre la masculina, condicionada por la menor absorción de mano de obra en sectores tradicionalmente feminizados y la falta de redes institucionales de cuidado. En paralelo, la informalidad laboral bordea el 30%, lo que implica que tres de cada diez trabajadores de la región ejercen sin protección social, contratos ni previsión, configurando un mercado de trabajo precarizado e inmune a las políticas de fiscalización estándar.
Este panorama laboral está estrechamente cruzado por la coyuntura climática. Aunque las precipitaciones invernales trajeron un alivio temporal a los embalses, la escasez hídrica estructural sigue limitando la reconversión agrícola y la contratación de temporada. A ello se añade el complejo momento que atraviesa la industria de la construcción a nivel nacional y regional, un sector clave para la absorción de mano de obra no cualificada que hoy enfrenta un sobrecosto en insumos y la paralización de proyectos habitacionales e infraestructura pública.
En este contexto, la minería se consolida como el pilar fundamental que estabiliza la economía regional. La inversión en grandes faenas y proyectos de infraestructura hídrica, como las plantas desaladoras y la impulsión de agua de mar, no solo resguarda el empleo directo en el Limarí y Choapa, sino que moviliza una extensa cadena de proveedores locales. Sin embargo, depender de un solo sector resulta insostenible; la Región de Coquimbo requiere agilizar la permisología y ejecutar la inversión pública con celeridad para diversificar su matriz productiva y ofrecer empleo formal y digno a sus habitantes.
Víctor H. Villagrán
Editor Semanario Tiempo