“¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!”
Gustavo Adolfo Bécquer
Rima LXXIII
Tantas vidas, tantas historias, tiempos alegres, tiempos tristes, melancolía y esperanza, certezas e incertidumbre, inspiración y ceguera, buenas ideas sin destino, errores no reconocidos, divagaciones y triquiñuelas, toda una mezcla en medio de una amalgama interminable de posibilidades. ¿A quién creerle?.¿A quién seguir?. ¿Cuál es el camino hacia la verdad?. Existencia cada vez más difusa y vulnerable. ¿Existe realmente la justicia humana o sólo la divina es verdadera?. Quien no haya sido nunca preso de la melancolía de las horas que levante la mano y nos cuente como consiguió escapar de sus garras.
La melancolía, palabra que proviene de una palabra griega que significa “bilis negra”, que la R. A. E. define acertadamente como: “una tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que quien la padece no encuentre gusto ni diversión en nada” constituye una condición que suele pasar inadvertida tanto para quienes la padecen como quienes integran sus relaciones más cercanas y la experiencia nos indica que afecta generalmente a quienes viven situaciones de soledad permanente, sea voluntaria o provocada por instancias de la vida insospechadas.
Ninguna persona la busca, simplemente sucede. No siempre se puede acceder a descubrir sus verdaderas raíces. Sólo se sabe que se trata muchas veces de una tendencia hereditaria y en otras consecuencias de traumas que la persona afectada no consigue superar, transformándose en ocasiones en un verdadero muerto en vida.
Se trata en el fondo de una condición que va mucho más allá de una tristeza pasajera acompañándose de una nostalgia acentuada como de una energía vital decreciente y de un cansancio persistente, aunque no por ello ausente de creatividad, en personas de carácter más bien reservado y pesimista, con tendencia a la introspección permanente e incluso al aislamiento, actitud que no siempre se observa.
Es evidente que un psicólogo podría explicarlo mucho mejor, pero la información disponible nos informa que los síntomas de la melancolía son similares a los de una depresión pero que suelen ser más graves considerando que la mayoría de las personas con melancolía se vuelven más lentas en sus movimientos y pensamientos y también con frecuencia en el habla.
Actitud y conducta que hemos observado por siglos en una infinidad de artistas, reflejada tanto en sus obras, sean pictóricas o literarias como en sus sistemas de vida, muchas veces con consecuencias trágicas, de las que hemos sido testigos incluso en nuestra propia historia.
Como testimonio podemos visualizar a inicios de este texto una imagen relacionada con las Rimas y Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer, pseudónimo de un poeta y escritor español (1836-1870) relacionado con el post-romanticismo en su época, cuya vida estuvo marcada por la melancolía derivada de una enfermedad incurable determinante de su temprana partida de este mundo. Su casa natal se conserva hasta nuestros días en la ciudad de Sevilla, España, y cuenta con una lápida conmemorativa en su memoria. Lo que pocos saben es que el gobierno de España lo homenajeó en 1965 con la emisión de billetes de “Cien pesetas” que llevan su nombre/imagen.
