Las inclemencias del tiempo han vuelto a poner a prueba la entereza de la Región de Coquimbo. El devastador sistema frontal que azotó nuestro territorio en los últimos días dejó tras de sí una huella profunda de inundaciones, crecidas de quebradas, cortes del suministro de agua potable y severos daños en la infraestructura vial y urbana.
Ciudades como La Serena y Coquimbo, junto a diversas comunidades del interior y los valles, sufrieron con dureza los embates de precipitaciones históricas que inundaron calles, anegaron viviendas y dejaron temporalmente incomunicadas a miles de personas. Hoy, cuando las nubes comienzan a despejarse y las aguas retroceden lentamente, la emergencia da paso a una tarea de superior magnitud: el proceso de reconstrucción.
En esta nueva fase, la habilitación de caminos y el restablecimiento total de las redes de conectividad terrestre se consolidan como la máxima prioridad. La interrupción de arterias estratégicas —como la Ruta 5 Norte y las vías secundarias que conectan a las localidades rurales— no solo dificulta el traslado seguro de los habitantes y la entrega de ayuda humanitaria, sino que mantiene en un peligroso aislamiento a sectores vulnerables. Maquinarias, cuadrillas técnicas y autoridades deben mantener un ritmo incansable para rehabilitar los accesos, garantizando la seguridad en los traslados y el pleno funcionamiento de los servicios básicos e insumos de primera necesidad.
A la par del despeje de rutas, surge la imperiosa necesidad de impulsar una pronta recuperación económica. La conurbación La Serena-Coquimbo y sus alrededores sostienen una dinámica comercial, turística, pesquera y agrícola que no puede permitirse un estancamiento prolongado. Pequeños comerciantes, emprendedores locales, agricultores de los valles e industrias gastronómicas se vieron duramente afectados por la suspensión de actividades y los estragos materiales. Es urgente coordinar paquetes de subsidios directos, facilidades crediticias y planes de reactivación que devuelvan el dinamismo a la economía local. La reconstrucción de Coquimbo no será completa si no va acompañada del resguardo del empleo y del sustento diario de miles de familias golpeadas por la tormenta.
Sin embargo, en medio del barro y la adversidad, la luz más brillante la ha encendido la propia comunidad. Si algo ha caracterizado históricamente a Chile ante las catástrofes naturales, es su inquebrantable espíritu de solidaridad, y esta vez no ha sido la excepción. Decenas de iniciativas de voluntariado y cooperación comunitaria emergieron espontáneamente en La Serena y Coquimbo. Jóvenes, juntas de vecinos, agrupaciones sociales y ciudadanos anónimos se desplegaron con palas, alimentos, abrigo y herramientas en mano para socorrer a las familias que lo perdieron todo. Esta entrega desinteresada y fraterna nos recuerda la resiliencia única que define el alma nacional: esa capacidad colectiva de abrazar al vecino golpeado y tenderle la mano sin dudarlo.
Expresamos nuestro más profundo agradecimiento a cada voluntario y voluntaria que no dudó en ponerse las botas para ayudar en los sectores más vulnerables. Su esfuerzo demuestra que las instituciones pueden coordinar, pero es la fraternidad de la gente la que sostiene el espíritu de una región. Coquimbo se levantará, como lo ha hecho tantas veces en el pasado, combinando la celeridad del trabajo estatal con la inagotable fuerza de su pueblo.
Víctor H. Villagrán
Editor Semanario Tiempo








