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JUEGO LIMPIO Y TECNOLOGÍA

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Y se nos va el Mundial de Fútbol 2026. Las casi seis semanas transcurrieron raudas como un suspiro que nos va a dejar  huérfanos de un fútbol en su máxima expresión competitiva a nivel global hasta durante los próximos cuatro años. Fue un tiempo en que muchos vivimos expectantes al igual que tantos de nuestros lejanos antepasados que asistían ansiosos al circo romano, con la diferencia que el dedo pulgar del emperador de turno ha sido reemplazado por la tecnología, incluida aquella  que denominamos como inteligencia artificial.
Atrás han quedado esos jirones de vida tanto de los protagonistas directos e indirectos de tan magno evento como de los espectadores que tendrán que contentarse como espectadores de la competencia local como de aquellas del exterior que quieran regalarles los medios de comunicación audiovisual, previo pago o no pago de acuerdo a las posibilidades de cada cual.
Si bien de cada uno de estos eventos planetarios es posible sacar aprendizajes creo que en esta oportunidad su magnitud supera a no dudarlo a todos los eventos anteriores. En este sentido el no haber podido participar como país, por la razón que todos conocemos, pudiese llegar a constituir una ventaja desde el momento que nos obliga a reflexionar en profundidad para realizar las correcciones necesarias en miras a nuestra participación en una próxima oportunidad.
Desde el principio pudimos darnos cuenta de muchas cosas. La primera de ellas es que todos los países participantes, cual más cual menos, ha evidenciado notorios avances en su desempeño por lo que difícilmente se puede considerar enfrentar a algunos como “pan comido”.
En segundo lugar que no basta la habilidad deportiva, la estrategia y la logística para obtener un buen resultado como tampoco contar con una nueva y esperada “generación dorada”.
Nada de eso será suficiente. Incluso el “fair play” o juego limpio no lo será si consideramos la abrupta irrupción de nuevas reglas asociadas a las nuevas tecnologías aplicadas al fútbol que han nublado de dudas e incertidumbres esta actividad deportiva con la incorporación de chips a los zapatos del jugador y los balones en uso, además de quizás cuantas otros artilugios sobre los que hasta ahora no tenemos conocimiento.
A estas alturas ha dejado de ser una novedad  la introducción del VAR. Artificio que podría traducirse en forma pedestre como “vamos a resolver el embrollo”, ante situaciones de alta complejidad que no han logrado ser apreciadas con claridad por los árbitros del encuentro debido a la  velocidad vertiginosa del juego y el alto número de participantes en una acción determinada, lo que el ojo humano ha sido incapaz de dilucidar.
Artilugio que en épocas anteriores pudo haber sido fundamentales para esclarecer dudas tan famosas como aquella de “la mano de Dios” de Maradona y tantas otras que no es fácil de recordar al no ser un experto en la materia. En todo caso se trata de un apoyo valioso pero no podemos olvidar que su veredicto se encuentra sujeto fundamentalmente hasta ahora en el criterio humano que interpreta las imágenes que se le presentan a quienes deben discernir.
Lo que no se puede obviar al respecto es que las reglas del fútbol han sido modificadas en forma radical y que constituye  un hecho que ha llegado para quedarse, al menos a nivel de las competencias de alto nivel. Un pie  o un codo que sobresalga un par de centímetros más allá de una línea establecida por vía tecnológica puede constituir un fuera de juego, un penal o incluso la anulación de un gol realizado de acuerdo al “fair play” hasta ahora establecido y reconocido
Puede constituir desde luego una exageración, una más de las que pudimos ser testigos durante el desarrollo de la última competencia futbolística planetaria. Cada uno puede sacar sus propias conclusiones y no solamente sobre ello sino también sobre muchas otras situaciones anómalas a la vista de cualquier espectador como una seguidilla de faltas sancionadas muchas veces en forma claramente sesgada y otras que incidieron decisivamente en el resultado.
Confiemos en que en el futuro el mundial de fútbol no vaya evolucionando de la mano de las nuevas tecnologías hasta el extremo de  transformarse algún día en un símil de “Los juegos del Hambre”, con la muerte real de los participantes  y no simbólica como sucede con aquellos equipos que van quedando eliminados a lo largo de la competencia.
 Confiemos también en que agentes externos a la competencia deportiva no tengan una incidencia determinante sobre las reglas del juego y que las decisiones no sean TRUMP-OSAS.

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