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AL QUE QUIERA CELESTE

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“Al que quiera celeste que le cueste” es un refrán popular muy conocido al que en estos tiempos deberíamos prestar una mayor atención si consideramos lo que significa: que si deseamos obtener algo valioso o difícil de conseguir en nuestra vida, debemos estar dispuestos a esforzarnos, a trabajar duro, sacrificar tiempo y dinero para lograrlo, ya que las cosas buenas no son gratis. Refrán que tendría su origen en la nebulosa de los tiempos, probablemente relacionado con la dificultad histórica de obtener el color azul celeste puro en el arte durante el Renacimiento (siglos XV y XVI), que requería de pigmentos caros como lo es el lapislázuli, un mineral caro y difícil de procesar en épocas antiguas, para su uso en las pinturas de los cuadros y en algunos casos para las esculturas.
En el fondo, que no hay atajos para las metas importantes y todo lo valioso que anhelamos hay que ganárselo superando obstáculos y gastos inevitables, incluyendo voluntad, energías, tiempo y dinero, algo a lo que en estos tiempos de inmediatez extrema, está muy lejos de constituir una decisión y actitud que nos caracterice como personas, como familias, como comunidades sociales y como país.
Todos soñamos con un país mejor, más empático, agradable, equilibrado e inclusivo, en el que todos podamos vivir en paz y armonía social. En el que todos vivamos tranquilos, sin sobresaltos inesperados, con la esperanza de ir caminando hacia un futuro cada vez más amigable y acogedor, pero olvidamos que esto no se va a producir de la nada y que tenemos que construirlo entre todos sin excepción. En el fondo amparados en un proyecto de “Estado de Bienestar” que nos proteja a todos y nos ayude a cubrir nuestras necesidades más básicas.
Pero olvidamos con extrema rapidez que construirlo tiene no solamente un costo sino que necesita ser sustentable en el tiempo para que no se transforme en una especie de luz de bengala que nos ilumine durante un escaso período de tiempo para regresar rápidamente el punto de partida, e incluso a un retroceso que nadie desea. Ya vivimos un momento en que llegamos a crecer hasta un 7 % anual, pero nos engolosinamos con el éxito que lo homologamos equivocadamente a un final del camino. Nos quedamos dormidos olvidando que “camarón que se duerme se lo lleva la corriente”, para no utilizar un nombre más folklórico, y aquí estamos
Soñando con solucionar una infinidad de problemas que se nos han venido encima, elaborando los más sesudos planes para solucionarlos olvidando que tenemos nuestras manos carente de instrumentos fundamentales bajo un bajo techo.. ¿Queremos contar con mayor seguridad?.. Muy bien. Para ello necesitamos aumentar la cantidad de agentes que nos la proporcionen pero…necesitamos dinero para pagarles y proporcionarles los elementos necesarios y darles las garantías jurídicas que necesitan para realizar su labor sin sobresaltos.
Sigamos. ¿Queremos proteger nuestras fronteras para impedir la inmigración ilegal que facilita el ingreso de la delincuencia y el narcotráfico?… Excelente. Vamos a tener que recurrir a las Fuerzas Armadas ya que no contamos con una Policía de Fronteras, aumentando en forma importante el contingente, pero, ¡Oh, sorpresa!. También necesitaremos de medios económicos para costear su sueldo y los implementos adecuados para cumplir con eficacia esta misión.
Es también evidente que si queremos tener un mejor sistema educacional con el objeto de formar mejor a nuestros ciudadanos para que aprendan no solamente las materias sino sobre todo a pensar y actuar en beneficio de nuestro país, es decir sean los mejores ciudadanos posibles que comprendan lo difícil que es construir y lo fácil que es destruir guiados por arrebatos ideológicos. Para conseguirlo necesitaremos una vez más de recursos económicos para preparar buenos profesores, verdaderos guías de sus alumnos y alumnos capaces de respetar las reglas en su propio beneficio y no saltarse las reglas sin darse cuenta que con ello destruyen su propio futuro.
Para ello necesitamos revertir aquel refrán popular que “soñar no cuesta nada”. Es todo lo contrario: transformar sueños en realidad tiene habitualmente un costo enorme y si continuamos cerrando los ojos ante una realidad evidente, vamos a continuar marcando el paso “per secula seculorum”. A menos que nos pongamos hoy el delantal, olvidemos nuestras estúpidas rencillas políticas y empujemos con decisión el barco del desarrollo que nos proporcionará los medios económicos que necesitamos con urgencia para ayudarnos a solucionar todos estos problemas.

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