Siempre se repite la misma historia

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Una tragedia. Un hecho fortuito que derivó en la muerte de ocho personas, pero que sin lugar a dudas no se debe al mal estado de la vía y ni siquiera a una curva peligrosa. Fue en una recta, probablemente por una mala maniobra de adelantamiento, con exceso de velocidad. Además se investiga consumo de alcohol y mal uso de luces en uno de los móviles.
En el informe de radio Bio Bio se consignaba que “el lugar del accidente corresponde a una recta entre el kilómetro 16 y 18, donde los conductores pueden alcanzar fácilmente altas velocidades, pese a que el límite establecido varía entre los 80 y 100 km/hr. Sin embargo, en terreno se evidencia que la señalización es casi nula. Si bien existen “ojos de gato” reflectantes, el tramo no posee luminarias de ningún tipo, lo que sin duda aumenta la posibilidad de un siniestro”.
Es absolutamente una tragedia, ante la cual los personajes de siempre salen implorando por una doble vía. De la misma forma, cuando ocurrió el gran tsunami, otros salieron implorando por vías de evacuación, por alarmas y simulacros preventivos. Pero acá estamos. Como siempre. Sin planes de simulacros, con absolutamente todas las luminarias solares instaladas en vías de evacuación destruidas y robadas.
Y es que las reacciones ante las tragedias incendios, terremotos, aluviones, etc. son casi siempre más o menos similares. Pero basta otra noticia de mayor envergadura o que entremos en la rutina del año escolar para que el hecho se olvide.
Todos sabemos con absoluta seguridad que construir una doble vía va a demorar años y probablemente varios gobiernos más. Eso es un hecho cierto y el que diga lo contrario está mintiendo. Hay que avanzar en esa línea, probablemente, pero es de sentido común que con una milésima parte de ese dinero se deben mejorar los estándares de seguridad en la ruta hacia Vicuña. Señaléticas, reflectantes, luminarias en los cruces, pistas de desaceleración. Todas obras que con buena voluntad se pueden lograr en un muy corto plazo, sin necesidad de años de estudios ni que intervengan ingenieros con doctorado.
Pero lamentablemente para que eso ocurra se necesita liderazgo y sensatez, algo que mucho nos hace falta mientras estamos perdidos en peleas pequeñas y fallas de planificación y ejecución. Ojalá a alguien le quede el poncho.

Víctor H. Villagrán
Editor Semanario Tiempo