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ENTRE NATIVOS DIGITALES E IGNORANTES ANALÓGICOS

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Por Dr. GONZALO PETIT / Médico

(Adaptado de revista El Estetoscopio N° 86, Sochipe)
Mucho se ha escrito sobre los babyboomers, las generaciones X,Y,Z, los” nativos digitales” y otras definiciones sobre los usuarios de la tecnología de la información y comunicación (TICS). Y naturalmente de las brechas que ocurren entre padres e hijos como también a nivel profesional lo que plantea inevitablemente un desafío sobre cómo abordarlas.
Quienes han tratado de orientarnos al respecto nos plantean que vivimos entre “nativos e inmigrantes tecnológicos” en relación al perfil cognitivo de los jóvenes actuales y el preocupante abismo que se observa entre la educación tradicional y las actitudes que los caracterizan. Destacando que los jóvenes hiper-conectados o “nativos digitales” aprenden y se comportan de una manera muy diferente que las generaciones anteriores o “inmigrantes digitales”.
Esta metafórica separación entre nativos e inmigrantes digitales ha determinado que hayamos concluido que nos encontramos definitivamente ante una revolución digital, en el fondo ante un proceso disruptivo destinado a transformarlo todo. Es decir un cambio radical de una magnitud extraordinaria capaz de afectar tanto las relaciones entre generaciones como todas las disciplinas del conocimiento humano, con el alto riesgo de caricaturizar lo digital adoptando una actitud ingenua y despreocupada ante tan descomunal fenómeno tecnológico.
Sobre todo si consideramos que a diferencia de los inmigrantes los nativos digitales viven inmersos en el mundo de las redes en medio de aparatos tecnológicos y si lo pensamos bien constituyen una generación que podría asimilarse incluso a un especie de clase social que cuenta con un acceso ilimitado a internet que tiene a su alcance celulares, computadoras, reproductores de música, cámaras, GPS y todo tipo de dispositivos, incluso en muchos desde temprana edad.
Para estos nativos digitales no existen los libros. Piensan que no los necesitan, llevan el celular en el bolso y la biblioteca en el computador. Incluso si un libro llegase a manos de un nativo digital de corta edad de seguro apretaría con sus deditos las imágenes buscando ampliar su tamaño y lo repetiría en todas direcciones, incluso buscaría el botón de “Escape” para salir del texto sin ningún resultado. Concluiría inevitablemente que un libro es un regalo inútil.
Es que a los nativos digitales les fascina el “procesamiento paralelo”, están acostumbrados a hacer muchas cosas a la vez y prefieren la búsqueda al azar y el hipertexto, tienen predilección por la gratificación instantánea. No tienen paciencia, navegan en todo lugar. Aún en aquellos que parezcan inapropiados para los “inmigrantes”. Se inclinan más hacia lo lúdico que hacia el “trabajo serio”. Privilegian lo gráfico y se resisten a escuchar una clase prolongada o una conferencia. No soportan las situaciones que se desarrollan con la lógica del “paso a paso”. Como tienen acceso a la más amplia gama de fuentes de información, buscan aprender solos e incursionan en todo tipo de saberes, prácticas y actividades.
Situación que constituyen con frecuencia el origen de las dificultades de relación con sus padres y profesores considerando que se relacionan dos generaciones que aparecen como divergentes, entre un nativo digital y un inmigrante digital que se ven obligados a adaptarse en una sociedad cada vez más tecnificada que los obliga a relacionarse en una segunda lengua, nativa para uno y extraña y desafiante para el otro, que suele recurrir a internet cuando no encuentra un libro que le dé una respuesta a un tema que le interesa y no valora hacer varias cosas al mismo tiempo.
El verdadero problema es que se va creando poco a poco una fuerte brecha intelectual cognitiva, dado que los nativos piensan que no requieren guía, escuela o educación formal porque todo lo que necesitan está siempre en línea al alcance de la mano. Caen así en una especie de “surfeo” universal como un deporte que conduce inevitablemente a un “saber superficial” que no profundiza lo suficiente ni deja huellas cognitivas de real utilidad de cara a un futuro incierto.
Lamentablemente esto ha conducido a un fenómeno que suele pesquisarse a nivel de estudios superiores: nos encontramos con jóvenes universitarios que no poseen disciplina, rigor intelectual ni capacidad de análisis porque les exige una mayor concentración, dedicación y esfuerzo al que no están acostumbrados. Estado y situación que muchos definen como “ignorantes analógicos”, concepto acuñado en el año 2017 por Vanesa Gallego-Lema y colbs.

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