Preparados para lo inesperado

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Los recientes incendios en la zona central desataron una catástrofe inédita, dejando más de 130 fallecidos cerca de 15.000 viviendas consumidas y más de 43.000 hectáreas arrasadas, sólo en la región de Valparaíso.
Después del desastre comienzan los análisis respecto a lo que no se hizo o lo que se hizo mal, lo que falló y lo que fue anunciado pero no generó ningún tipo de acción. La primera pregunta es si era predecible la posibilidad de incendios en esa zona. Sin lugar a dudas la respuesta es afirmativa, ya que hace un par de años se vivió una catástrofe del mismo tipo en Valparaíso y en el sur de Chile.
Con anuncio de las más altas temperaturas y vientos en pleno verano, el escenario era el más propicio para que cualquier fuego se propagara con voracidad.
Del mismo modo, en nuestro país sabemos que estamos expuestos a posibles tsunamis, terremotos, sequías, aluviones, incendios y erupciones volcánicas. Cuándo llegarán es la pregunta que todos desean responder y por ser imposible de predecir decimos que es “inesperado”. El momento es inesperado, pero el hecho es cierto que llegará. Por lo tanto es valorable la iniciativa de autoridades que invierten energía, tiempo y recursos públicos para prever situaciones potencialmente complejas. Las vías de evacuación, la planificación urbana, los cortafuegos, luminarias autónomas, fortalecimiento de bomberos e instituciones de salvataje y prevención, etc.
Y en esto todos tenemos algo que aportar. Desde los vecinos que construyen correctamente sus cortafuegos en casa, o mantienen mangueras y sistemas de prevención domésticos, hasta los alcaldes que generan instancias de limpieza, preparación y mejoras en espacios públicos.
Por último, las universidades pueden y deben asumir un papel más activo en la prevención y manejo de desastres naturales, ya que perfectamente se puede adoptar un enfoque similar a la sinergia generada entre universidades y Estado durante la pandemia de COVID. Hay espacio, recursos, tiempo para dedicar a prevenir y a revisar, para estar verdaderamente preparado para lo inesperado.

Víctor H. Villagrán
Editor Semanario Tiempo