Inicio Cultura Cristian Vila Riquelme navega en su propio bergantín

Cristian Vila Riquelme navega en su propio bergantín

Por alguna razón que desconocía el Doctor en Filosofía Política Cristian Vila Riquelme me invitó a ser el presentador de su más reciente creación literaria El bergantín del irredento, publicado por Editorial MAGO en 2025.

La cita fue en la Casa Editorial de la Universidad de La Serena, el viernes 8 de mayo y hasta ahí acudimos unas 25 personas, entre ellas, nota curiosa, tres ex alcaldes: Adriana Peñafiel y Raúl Saldívar de La Serena y Héctor Hernán Herrera, de Vicuña, este último también en su condición de presidente de la Sociedad de Escritores de Chile de la Región de Coquimbo. Y personas vinculadas a la Alianza francesa y público lector en general.

Como entidad convocante al evento, abrió los fuegos de la actividad el economista Georges Bonan, presidente de la Alianza Francesa de La Serena, quien presentó al autor a quien conoce hace un cuarto de siglo, cuando el galo se avecindó por la capital de la Región de Coquimbo. Se refirió brevemente a la condición de ex académico de Vila, como a su la calidad de escritor de una vasta y variada obra por la cual ha recibido premios y reconocimientos y que, en parte, ha sido traducida a distintos idiomas.

Por lo mismo yo hablé más de la obra que del autor, a quien conocí en la década de 2010, cuando nos presentó Alejandro Abufóm, el creador de la librería y editorial de la Universidad de La Serena. Pero con Vila nos encontramos más tarde, con cierta frecuencia, cuando hacíamos clases en la Universidad Central en los años 20. Me llevaba en su auto hasta La Florida, donde vivo aún, ya que le quedaba de paso a Algarrobito donde él vivía entonces. Esas conversaciones nos acercaron de algún modo.

El bergantín del irredento para mí es, por cierto, una novela y muy buena, pero también es el hábitat de la escritura de Vila, que me recuerda el cuarto propio de Virginia Wolf. Es un espacio que él mismo se ha forjado, un lugar móvil en el que se traslada de ciudad y país. No conozco toda la obra de Cristian, pero sí leí sus cuentos de El enano del hotel Princesa y otros relatos, Premio Manuel Concha de 2018. Esos textos están firmados en el Bergantín del irredento entre 2000 y 2010. Estoy leyendo también su agudo ensayo Ideología de la Conquista en América Latina entre el axolotl y el ornitorrinco, publicado en 2018 por la Editorial de la ULS. Este texto también fue escrito en Horcón, mayo 2000, a bordo del Bergantín del irredento. Así está firmado en el prólogo a su primera edición.

Este particular navío atraca y zarpa, según la conveniencia de Vila, puede estar en Horcón, Región de Valparaíso o en Algarrobito, en el valle de Elqui, así como también se ha arrimado a las orillas del Sena, en París. Lejos de ser un remanso de paz, la nave sirve a su almirante-escritor para echar a andar su creatividad, para dedicarse a estudiar, a investigar, a elucubrar. Y desde allí surge su voz literaria. Vila es un opositor, un contestario, un inconformista, crítico, un deslenguado podría decir más de alguno, pero no olviden que es Doctor en Filosofía política, graduado en La Sorbonne. Sus ensayos son críticos, sus personajes de ficción no son blancas palomas ni seres complacientes que buscan una sonrisa fácil, un abrazo anodino o un aplauso deslavado.

Y Pedro Sarmiento de Gamboa, el comandante de este Bergantín novelado que pone rumbo al extremo sur del mundo, es uno de aquellos personajes: este Pedro no quiere compasión ni cariño. Quiere conquistar, a como dé lugar, una parte del mundo, no para él, sino para su rey español.

Sarmiento de Gamboa fue, entre otros oficios, un navegante cuya más importante misión encargada por el monarca era neutralizar al corsario inglés Francis Drake quien, en la segunda mitad del siglo XVI, atacaba las naves que llevaban oro y otras riquezas desde la “descubierta América” a Europa. Vila rescata a Sarmiento de alguno de sus naufragios y lo pone a navegar de nuevo rumbo al traicionero estrecho de Magallanes.

Este libro se divide en 21 capítulos en los cuales el autor va alternando, sin aviso, la narración en primera persona, es decir en la voz del mismísimo navegante, y la tercera, cuando asume un contador externo, pero muy involucrado, en los viajes de Pedro, hombre de ecléctica formación religiosa, obviamente católica, y militar en su infancia y adolescencia. El estilo de un lenguaje antiguo, a veces con una palabra, un giro, una frase, se superpone a la escritura actual, familiar para los hablantes del idioma español.

Vila escribe una especie de biografía novelada de este personaje nada querible en un comienzo, para un chileno anti colonialista. Sin embargo, el hombre se torna interesante a medida que avanza el relato de sus diversas peripecias, desde su temprana formación a la sombra de Fray Abraham, con quien aprende distintas artes, incluidas unas cuantas maldiciones y llamados a belcebú.

La principal misión y el grueso del relato de Vila, son los viajes que Sarmiento de Gamboa emprende hacia el estrecho de Magallanes entre 1579 y 1580. El español sabe que antes de él, en 1520, el portugués Fernando de Magallanes había descubierto el paso, pero no fundó ciudades allí, como sí pretendió hacerlo Sarmiento con el objetivo de que los residentes en dichas futuras villas defendiesen los intereses de la corona española.

El relato de Vila va agarrando vuelo literario a medida que nos muestra a Pedro como creador de su propia crónica, como voz autónoma y como hombre no solo de acción, sino también de reflexión. Pedro dice: “Sí, he visto a medio hundir algunas embarcaciones, cruces recordando naufragios y muertes, algunas boyas solitarias, y el inconfundible sonido de lo insondable en el grito pertinaz de algunas aves marinas o en el taciturno caer de los glaciares…” Y me ha resultado imposible no recordar al humanoide Roy Batty (Rutger Hauer en Blade Runner) cuando en la azotea de un edificio mira cara a cara a su cazador y dice: “He visto cosas que ustedes jamás podrían creer, naves de ataque más allá de Orión, he visto rayos brillando cerca de la puerta de Tannhauser, todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia”.
No crean que exagero con esta comparación, lo verán si leen la novela de Vila. Sí, porque el autor va a sacar varios conejos y pescados de alguna vieja cesta y, así, colabora decididamente con Pedro organizando una tripulación de primera para su segundo viaje al sur del mundo.

Cocineros de lujo, un poeta, un cantante de boleros, un científico, son algunos de los nuevos miembros de este equipo. Algunos de ellos conocidos como el cubano Bola de Nieve (sí, del siglo XX) y Charles Darwin, el inglés autor de la teoría de la evolución. Luego integrará a algunas mujeres y uno se imagina que su nave, este bergantín del irredento, se asemeja a un arca muy antigua, previa al diluvio. No busquen coherencia temporal, mi consejo a los lectores es: Disfruten la lectura.
A la hora de los sueños y pesadillas de este navegante principal, Vila pone en contacto a Sarmiento con otras figuras notables del siglo pasado, como la Simone de París, el Che muerto en Bolivia, Rodríguez asesinado en Til Til, Sandino en Centroamérica y Allende y Enríquez en Santiago de Chile. Leer para creer.

Pedro Sarmiento de Gamboa, dice Vila, fue un náufrago por vocación y destino, un náufrago perpetuo, que hace del fracaso la palanca de su historia. No temió a emprender esta aventura, consciente de que sus barcos iban “cargados de tormentos y desesperanzas”. No sé bien por qué, pero estas líneas me hicieron pensar en tantos proyectos revolucionarios fracasados.
Como quiera que sea, los invito a leer esta fantástica novela histórica. Les dejo otra reflexión de Sarmiento de Gamboa: “Porque de verdad, nunca estuvimos ciertos si todo eso, al igual que lo demás, no había formado parte de los delirios provocados por la travesía de los mares australes, aunque, después de todo, el delirio es lo único con lo que se puede comprender la realidad”.

“¿Qué buscaba (Pedro)? La verdad es que no lo sabía, ni siquiera si buscaba algo. ¿Alguien sabe qué diablos hace o trata de hacer en estas vidas y en estos mundos?” Son preguntas que tal vez se formulara Pedro, según el autor. Yo pregunté a Vila, ese día: ¿Qué pretendes con esta crónica? ¿Por qué ahora esta biografía? ¿Sabes realmente de qué se trata todo esto?

Vila habló entonces de su creación, de cómo fue integrando personajes, incluidos los muertos famosos y algunos vivos no tan conocidos. Y confesó las dudas que tuvo en el proceso que, en algún momento, pensó abandonar. Nos ilustró sobre diversos guiños en su novela, como un homenaje a Cervantes y dio otros sabrosos detalles sobre el personaje y sus viajes. Vila ya estuvo en Valparaíso y Punta Arenas. En junio estará en Santiago con el mismo fin.

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