Crisis de la adolescencia

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Cual es la condición para poder repartir. Sin duda es que haya “algo” que repartir. Y es cierto, Chile tiene una extrema riqueza en recursos naturales, cuya explotación debería siempre redituar más a las comunidades aledañas.
Pero también es cierto que para poder explotar los recursos con las técnicas y parámetros del siglo XXI se necesita una cantidad brutal de inversión y riesgo, que no siempre el Estado está en condiciones de proveer, más todavía cuando existe un listado todavía bastante extenso de necesidades sociales básicas que solventar y también profundos y muy reales cuestionamientos de la eficiencia en la administración pública.
En fin, para repartir riqueza hay que generar riqueza. Y en ese sentido -por ejemplo y a pesar de las críticas en torno al respeto de las tradiciones como la de la trashumancia- pareciera que el trabajo que se realiza con el rubro caprino de nuestra región podría ser el camino acertado para ayudarles a producir más y mejores productos y servicios. Ya sea mejorando su producción, dotando de herramientas técnicas de alimentación en establos para sus cabras o diversificando hacia áreas como el turismo. Acá no se trata de la dicotomía entre tradición y capitalismo, se trata de sustentabilidad y dignidad para miles de familias que viven de la ganadería caprina y que también llevan decenas de años viviendo con subsidios y apoyos permanentes del Estado, de paso depredando los pocos brotes verdes de las laderas de cerros semiáridos en el proceso de veranadas.
“No entreguen los peces, entreguen las redes para que aprendan a pescar”, dice la frase aquella. Pero para otros no basta con enseñar a pescar, sino que hay que enseñar a cuidar el agua, el lago, el mar, para que se pueda seguir pescando. Y todo es cierto. En la ecuación para la generación de riqueza, especialmente la extractiva, se necesita conciencia de sustentabilidad.
Pero, no debemos olvidar que la mayor riqueza de los países que han caminado hacia el desarrollo está en su valor agregado intelectual. El mayor capital y la principal máquina de producir riqueza que tenemos son los cerebros de miles de chilenos dispuestos a mejorar todo. Es la educación finalmente la gran clave.
Probablemente con mayor educación no habríamos cometido errores políticos colectivos, ni nos dejaríamos seducir por campañas de desinformación por redes sociales y nuestros jóvenes gastarían mucho menos tiempo escuchando música de cantantes que promueven el consumo de drogas o juegos virtuales que promueven la agresividad y la intolerancia.
La línea base ya está clara. Los caminos también están claros. Los ejemplos de los países que alcanzaron el desarrollo están ahí. De manual. Chile no es bipolar. Chile no es errático. Simplemente estamos en plena crisis de crecimiento. Es nuestra adolescencia. Queremos madurar pero con la ilusión y los sueños de la juventud por delante. Ojalá existiera la genuina intención de luchar por el bien común, de todos sin exclusión, dentro de la rica diversidad que posee el país, en democracia y con sincera voluntad de diálogo. Es un tiempo desafiante y tormentoso para meditar profundamente sobre el futuro de nuestro país.

Victor H. Villagrán
Editor Semanario Tiempo