Atención con nuestros jóvenes

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Probablemente no hemos tomado conciencia todavía de las consecuencias que ha tenido en el normal desarrollo de nuestros niños y jóvenes los procesos que hemos vivido en los últimos tres años como país y como planeta.
La generación pandémica tuvo dos años y medio de relacionamiento totalmente irregular, que trajo consigo una serie de problemas. Entre otros una profunda epidemia de adicción a los videojuegos y a internet. Esa fue la vía de escape que muchos tuvieron para pasar el tiempo en casa encerrados.
Hoy, de hecho, hay muchos jóvenes que no quieren salir de casa, que les cuesta socializar o que se habituaron a un sedentarismo que conlleva un peligro físico y psicológico.
Pero además de aquello, hoy vemos con preocupación cómo han aumentado los casos de suicidio juvenil, que son la piedra de tope, los casos extremos en que la angustia lleva a tomar decisiones desesperadas. Entre medio y antes de aquello, están los cientos de jóvenes que se autoagreden, que sufren depresión, que no socializan o que están desarrollando serios problemas psicológicos.
De hecho, es probable que esa falta de relacionamiento con sus pares influya gravemente en esas decisiones. Ya sea porque no pueden compartir sus estados de ánimo, sus emociones o bien porque en ese mismo medio son víctimas de bullying.
Y en este último punto hay una tarea enorme para colegios y apoderados. Algunos, naturalmente, se esfuerzan por proteger y defender a sus hijos de los “agresores”, separando en víctimas y victimarios. Sin embargo, desde el punto de vista pedagógico, y tratándose de niños y jóvenes, quizás es más razonable enfocar el apoyo tanto a agresores como agredidos.
La necesidad de generar instancias de convivencia sana, deporte, actividad física y extracurricular es indispensable en estos tiempos. Hay que rescatar con fuerza a esta generación, que en muchos aspectos necesita ayuda y la está pidiendo a gritos.

Víctor H. Villagrán
Editor Semanario Tiempo