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SENTIMIENTOS ENCONTRADOS Y RESULTANTE CREADORA

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Luego de haber celebrado la Navidad una vez más, es bueno recordar aquella película estrenada el año 1965 intitulada “La más grande historia jamás contada”, de más de 4 horas de duración, que reproduce una épica del relato bíblico de la vida de Jesús de Nazaret en la Palestina ocupada por Roma: su nacimiento en Belén, su infancia en Nazaret, la Última Cena, la traición de su discípulo Judas, su juicio ante Pilato, su Crucifixión y posterior Resurrección hasta su Ascensión a los cielos Es decir, abarca desde su Natividad o venida al mundo como Redentor hasta su partida de regreso a los cielos, resaltando con ello su más profundo sentido religioso
Si bien el Nacimiento de Jesús ha sido recordado y celebrado cada año desde hace siglos en todo el mundo cristiano, no cabe duda que esta celebración se ha ido transformando y adquiriendo características no totalmente compatibles con su verdadero sentido religioso, que se ha ido deslavando con el tiempo. Despertando sentimientos encontrados en todos los integrantes del mundo cristiano que ha evidenciado crecientes dificultades para adaptarse a estos cambios que se han ido introduciendo, apoderándose de la fiesta de Navidad, hasta el punto que no faltan quienes reflexionan y expresan, no sin razón que, “tal como en el pasado hubo una cristianización de las fiestas paganas, hoy observamos una paganización de las fiestas cristianas”.
Verdad irrefutable en la actualidad, en que observamos que durante las fiestas navideñas de cada año somos testigos de un gran entusiasmo entre los integrantes de nuestra sociedad con múltiples ajetreos previos, en que se realizan compras masivas de regalos y se adornan las casas con luces de colores centelleantes tanto en su interior como en su exterior a la espera del recién nacido que ha de venir en una noche especial que conocemos como Nochebuena.
Hay también vecinos que amplían y configuran grandes y numerosos adornos como una ofrenda para que todos sus vecinos asistan en compañía de sus hijos y nietos a recorrer y gozar en comunidad de una visión tan luminosa e inesperada, habitualmente ajena a sus posibilidades económicas. Todo ello sin duda muy positivo y solidario para realzar la celebración de la Navidad, a pesar de lo cual no estamos a salvo de experimentar sentimientos encontrados. Como le sucedió a un periodista que transmitía por televisión uno de estos eventos y le consultó a una niñita de unos 5 o 6 años de edad que le parecía lo que había visto y ella en su sana inocencia le comentó: “me gustó todo, muy bonito el árbol y las luces, y también me gustaron las personas abajo del árbol”. Inocente testimonio de una niñita que nos revela que para ella se trataba simplemente de un espectáculo, como un ir a la playa a ver saltar los delfines o a un zoológico a ver animalitos interesantes con cero conocimiento religioso y del verdadero sentido de la Navidad.
Para ella “las personas abajo del árbol”, es decir el pesebre, era solo un adorno más dentro de un espectáculo. Triste realidad no tan ajena a la que sucede en muchas familias en que el nacimiento de Jesús constituye solamente una oportunidad para un generoso intercambio de regalos acompañado de compartir una buena comida. Gran responsabilidad de los padres cristianos para educar a sus hijos en relación a la Navidad y su verdadero sentido.
A pesar de estas falencias, producto probablemente de un ambiente que despierta en estas fiestas la percepción de un sinnúmero de necesidades que muchas veces la realidad nos demuestra que no son tales, sino una respuesta a las tentaciones a las que todos estamos expuestos a cada paso. La celebración de la Navidad, sea como se sea que se celebre, siempre tendrá inevitablemente un sentido altamente positivo si tomamos en cuenta que al menos por una vez al año nos centramos masivamente en el otro y no exclusivamente en nosotros mismos.
He aquí un fiel reflejo de lo que podríamos denominar como una “RESULTANTE CREADORA”. Intuición de aquellos cristianos que depositan su fe en forma práctica en la Divina Providencia. Es decir, en un Dios que mantiene siempre puertas abiertas a descubrir, capaces de generar vida estimulando la fecundidad y el crecimiento espiritual, de transformar situaciones humanas tanto en lo personal como en la vida en comunidad y de abrir nuevos e impensados caminos. Tal como sucedió con la Encarnación de María, algo considerado como un imposible para el razonamiento humano, que condujo al nacimiento de su Hijo Jesús en un humilde pesebre, al que acudieron los tres Reyes Magos para adorarlo y a entregarle los más valiosos presentes.

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