Es posible que seamos los campeones mundiales en “hacer la vista gorda”, que se define como un fingir deliberadamente que no se ha visto o notado algo que a los ojos de todos es evidente y que consiste especialmente en una falta, un error, una injusticia o una situación incorrecta, con el objeto de evitarse problemas y no intervenir por conveniencia personal, actuando como si no importara o no se hubiera enterado, actitud que es similar a un simple “mirar para otro lado”. En otras palabras la persona, la comunidad o las instituciones actúan deliberadamente como si no supieran nada y siguen adelante sin reaccionar ni prestar mayor atención a lo que sucede. Aunque se trate de algo ilegal se finge no darse cuenta para no tener que hacer nada al respecto.
Lo que lamentablemente olvidan estas personas, comunidades o instituciones es que “hacerse el tonto”, el despistado o limitarse a un simple chutear la situación para adelante no soluciona para nada la situación indebida. Todo lo contrario: se van sumando cada día mayores problemas y dificultades para enderezar lo mal hecho y mientras más tiempo transcurra se irán sumando cada vez una mayor cantidad de problemas cada cual más difícil de resolver.
Para qué le vamos a dar más vueltas: situaciones como estas se nos han ido acumulando desde hace décadas en nuestro país constituyendo a estas alturas situaciones cada vez más inmanejables justamente debido a que no hemos atinado a actuar en el momento oportuno de acuerdo a las normas legales correspondientes. Demostrándonos una y otra vez que el “chutear para adelante” nos está acarreando penosas consecuencias que, si hubiésemos hecho lo correcto cuando correspondía, no nos mantendrían en la encrucijada legal y social en que nos encontramos. Tratando de abrazar y contener una bola de nieve que ha rodado sin control durante años adquiriendo una magnitud extraordinaria cada vez más difícil de frenar y canalizar.
Es así como nos encontramos dando palos de ciego por aquí y por allá, tratando de vestir un santo desvistiendo a otro, como quien se esfuerza en parchar un vestido raído por el transcurrir inexorable del tiempo sin encontrar un sastre que consiga reconstituirlo a su condición original. Vano intento al que no atisbamos a visualizar un final que se percibe desde ya como un imposible, mucho menos en un corto plazo.
Lamentablemente la situación no se limita a la toma ilegal de terrenos que ha conducido a más de mil asentamientos humanos precarios a lo largo de nuestro país, en los que viven miles de familias en condiciones no muy lejanas a lo que vivieron nuestros antepasados en la prehistoria, sino también en muchos otros ámbitos de la vida nacional. Nos preocupamos no sin razón de los problemas de la migración irregular pero no nos damos cuenta de que nosotros también hemos migrado a través de la política hacia situaciones que conocemos perfectamente el daño que nos hacen. Pero igual “hacemos vista gorda”, como si no supiéramos del daño que nos ocasiona la excesiva fragmentación de nuestro sistema político por influencias ideológicas y sobre todo por conveniencia personal y partidaria.
Mas aún, hemos migrado también hacia una actitud irresponsable haciendo también “la vista gorda” hacia el progresivo deterioro económico de las finanzas públicas a lo que no le damos la debido importancia, en especial al desbalance que existe entre los ingresos y los gastos, simulando una parodia relacionada con las frase típicas de don Chuma, el compadre de Condorito: “no importa compadre, no se fije en gastos”.
Todos sabemos en todo caso que la situación actual que vivimos no da para chistes y que este constante “hacer la vista gorda” no solamente nos está acarreando “cototudos” problemas en la actualidad y que nuestro “laissez faire” (dejar hacer) nos está costando y nos costará también extremadamente caro ahora y en el futuro si no “nos ponemos las pilas” de una vez por todas y le damos “al César lo que es del César”, cumpliendo fielmente nuestras responsabilidad terrenales en relación a que lo que es legal es legal y lo que es ilegal es ilegal, cualquiera sea la situación que se trate. No más tomas de terrenos pertenecientes a privados o a Bienes Nacionales que son propiedad de todos los ciudadanos y no para usufructo de quienes se los apropian indebidamente, sea en ciudades, en el campo o en el borde costero, en muchos casos como segunda vivienda.
Ya nos encontramos viviendo situaciones extremadamente complicadas en seguridad y narcotráfico. No podemos continuar abonando durante más tiempo el desorden masivo al que dan origen las tomas ilegales que suelen además darles cobijo a narcotraficantes y delincuentes extranjeros. Tampoco podemos continuar haciéndonos zancadillas a nosotros mismo “haciendo vista gorda” ante la excesiva y dañina fragmentación de la política que es imperativo corregir a la brevedad.





