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Juan Sutil: “La carretera hídrica es una inversión estructural con retorno económico positivo para el país”

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La crisis hídrica se ha convertido en uno de los principales factores de riesgo para el crecimiento productivo de Chile, con impactos directos en la agricultura, la minería y la competitividad exportadora. En ese escenario, el empresario Juan Sutil ha sido uno de los principales impulsores de la idea de una carretera hídrica, iniciativa que promovió cuando fue presidente de Reguemos Chile, y que buscaba instalar el debate sobre infraestructura hídrica de gran escala como una política de desarrollo de largo plazo.

Por Joaquín López Barraza

Aunque el proyecto fue ingresado al sistema de concesiones hace varios años y no fue declarado de interés público, Sutil sostiene que la falta de decisiones estructurales en esta materia ha generado pérdidas económicas significativas y amenaza la sostenibilidad de sectores productivos clave.
En conversación con Semanario Tiempo, el empresario aborda el alcance económico del proyecto, su viabilidad financiera, el rol del sector privado y las condiciones que —a su juicio— debe generar el próximo gobierno para retomar una agenda de crecimiento.

—¿Cuál es la relevancia económica del proyecto de carretera hídrica para regiones como Coquimbo?
Este es un proyecto que formulamos hace aproximadamente siete años. Durante tres años desarrollamos un trabajo muy profundo para entregarlo a la Comisión de Concesiones y al Estado de Chile, con un esfuerzo enorme en diseño, ingeniería, evaluación ambiental y con un costo muy alto en recursos económicos y difusión a nivel global.
Lamentablemente, el proyecto se entregó al término del gobierno del presidente Piñera y al inicio del actual gobierno, y no fue declarado de interés público, por lo tanto hoy está detenido.
Desde el punto de vista económico, permite prácticamente duplicar la superficie regada de Chile y, sobre todo, entregar seguridad hídrica a ciudades, regiones y comunas desde el Biobío hasta Copiapó. Es una columna vertebral que transporta agua y permite recargar embalses estratégicos como Santa Juana, Puclaro, Cogotí, Paloma y Recoleta.

—¿Cree que el nivel central ha dimensionado el impacto económico de la sequía en Coquimbo y el norte chico?
Yo pienso que no. En la región de Coquimbo, en Limarí o en Elqui, hemos perdido cerca del 70% de la riqueza frutícola y se han dejado secar los campos.
En lo personal, tenemos un campo en Tabalí y perdimos entre el 75% y el 80%. Eso significa inversiones millonarias que se perdieron por falta de disponibilidad de agua.
El lago más grande de Chile es la cordillera, que se embalsa en Cogotí, Paloma, Recoleta, Santa Juana y Puclaro, y yo he visto esos embalses prácticamente en cero durante este período de sequía. Por eso es tan relevante un proyecto de trasvase que permita traer agua de donde sobra y acumularla donde falta.

—En términos de inversión y plazos, ¿de qué magnitud estamos hablando?
La primera etapa del proyecto original contemplaba una inversión cercana a los 7 mil millones de dólares, con una inversión total aproximada de 20 mil millones. El período de construcción sería del orden de siete u ocho años.
Desde el punto de vista productivo, se incorporan rápidamente nuevas zonas. Por ejemplo, gran parte de la región de Ñuble hacia la costa es secano, y ahí se podrían sumar cerca de 170 mil hectáreas en forma relativamente rápida.
Además, el cambio climático está desplazando los cultivos, pero siempre se necesita disponibilidad de agua, y agua que sea económicamente viable. Todo lo que se plantea en materia de desalación para la agricultura es inviable: un agricultor no lo puede pagar.

—¿Puede entenderse la carretera hídrica como una infraestructura estratégica similar a la Ruta 5?
Sí, perfectamente. Es como la Ruta 5 Sur o la Ruta 5 Norte, pero para el agua.

—Uno de los cuestionamientos habituales es la gobernanza del recurso. ¿Ve riesgos en ese ámbito?
Chile tiene una buena gobernanza del agua. Existe una institucionalidad que funciona: juntas de vigilancia, canalistas, embalses con protección y regantes.
El conjunto de esas decisiones permite un uso racional del recurso, y Chile lo hace bien. El discurso de que el agua se queda en algunos es bastante banal. En todas partes del mundo, entre el 75% y el 80% del agua la usan los agricultores, y esa agua finalmente se consume en los alimentos.
Chile, además, es deficitario en términos hídricos si se hace el balance productivo, porque importa más agua virtual de la que exporta.

—¿Quién debería financiar las grandes soluciones hídricas: el Estado, los privados o un modelo mixto?
Los privados, sin duda. Hay áreas donde el privado no puede pagar todo de forma inmediata, y ahí el Estado puede ayudar.
Pero esos privados generan empleo, impuestos e IVA. Cuando uno hace el balance neto, el proyecto es positivo para Chile desde el punto de vista económico.

—¿Está el sector empresarial dispuesto a asumir mayores costos si eso asegura sustentabilidad y legitimidad social?
Siempre ha estado dispuesto. Si no están los privados, el país no funciona. Funcionan las universidades privadas, los agricultores, la industria. Los empresarios pagan impuestos.
El Estado recauda y su obligación es administrar bien, no ser corrupto y distribuir correctamente.

—¿Qué balance hace del actual gobierno en materia de gestión económica y empresarial?
Malo. Este gobierno no tiene aprecio por la libertad de las personas ni por las empresas, y eso se mostró durante cuatro años.
Solo el hecho de que exista la expectativa de un cambio de administración genera optimismo. Los gobiernos deben dar seguridad, permitir que las personas crezcan, se eduquen y tengan mejores empleos, y eso se logra creciendo y construyendo. El daño que se generó en ese sentido fue muy grande.

—Usted se incorporó como asesor estratégico en la campaña presidencial de Evelyn Matthei. ¿Qué debería priorizar el próximo gobierno en lo económico?
Primero, cumplir sus promesas en materia de seguridad, porque la seguridad es la base de todo.
Y segundo, generar condiciones de confianza para que las personas crean y emprendan, ya sean jóvenes, emprendedores o empresarios.
Un buen empresario es el que siempre está emprendiendo. El que no emprende, desaparece.

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