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EL MAYOR DESEO QUE ANIDA EN NUESTRO CORAZÓN

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La política es la política y los políticos son los políticos, qué duda cabe. Como también que “se agarran del moño pero todos comen del mismo plato” como decía una tía. Difícil poder negar estas alturas que todos comen efectivamente del mismo plato, si consideramos que siempre ha sido así desde los inicios de la historia de la humanidad, se trate de diferentes tipos de autoridades a cargo de territorios y organizaciones humanas, o bien de imperios o países, pasando por clanes, tribus, feudos, estructuras monárquicas, sean teocráticas o absolutas, incluyendo las constitucionales/parlamentarias, además de las oligárquicas de suyo autocráticas y tantas otras formas cada vez más complejas, incluida las variantes de la democracia y su extenso arcoíris de alianzas temporales, voluntarias o forzadas, que persisten hasta nuestros días.
En cuanto a nosotros afirmamos que vivimos en una democracia representativa que algunos luchan por transformarla en participativa, lo que involucra el alto riesgo de abrirle camino a líderes carismáticos, populistas y autoritarios con toda la incertidumbre y los inevitables vaivenes políticos a lo que conduciría y que los griegos aprendieron a evitar en tiempos en que se sembró la semilla de una democracia directa, en aquellos tiempos más bien con sesgos oligárquicos considerando que eran sólo los hombres los llamados a tomar las decisiones.
Han transcurrido muchas lunas desde entonces pero las cosas no han cambiado tanto. No han faltado los “creativos”, por ejemplo, que han inventado la fábula de las “democracias diferentes” aún a riesgo de que les crezca la nariz, lo que al parecer no les importa mucho. Pasando desde luego por alto que una verdadera democracia representativa está estructurada en diversos poderes del Estado que cumplen cada uno una función claramente establecida en una Carta Magna que fija sus límites de acción en base a un sano equilibrio entre ellos.
Lamentablemente hemos observado como estos poderes han sido continuamente torpedeados durante los últimos años no respetando normas y principios fundamentales en una democracia representativa en su forma plena y en ello nuestros políticos que hemos elegido para representarnos han jugado un papel fundamental. Todo parece indicar que no los hemos elegido bien y a conciencia, en pleno conocimiento de sus capacidades y los programas que han declarado llevar a la realidad de ser elegidos o bien no han atinado a medir sus consecuencias.
Como es más que habitual, nos hemos dejado llevar por frases rimbombantes que nos prometen soluciones rápidas a problemas y situaciones altamente complejas, como si por arte de magia ellos han descubierto el cómo hacerlo dejando a las autoridades vigentes como portadores de la incompetencia suma. Peor aún, no nos preocupamos de enterarnos de los contenidos de los programas a realizar en un nuevo gobierno y nos fijamos más en el carisma y la empatía de los candidatos a elegir y nos suele hacer “click” para decidir nuestro voto una simple imagen que nos parece simpática y atractiva como si ello bastara para conocer a fondo y confiar en un candidato.
En este sentido ante cada nueva elección estamos llamados a reflexionar en profundidad y preguntarnos antes decidir a cual candidato apoyar: ¿Cuál es el mayor deseo que anida en nuestro corazón?… ¿Será tal vez el sentido común para elegir a aquel candidato que visualizamos como el más apto para gobernar nuestro país o asumir como parlamentario?….¿Verdaderamente lo consideramos como el más apto para asumir el cargo, porque nos convence su capacidad y la del equipo que lo va a acompañar?…¿ Es quien ha demostrado con creces su capacidad y decisión de trabajar en la mejor forma posible para solucionar aquellos problemas que requieren de soluciones urgentes y que nos agobian como país?.
En fin, es evidente que en cada ocasión tenemos que barajar en nuestra mente una gran cantidad de aspectos no siempre fáciles de dilucidar, pero es inevitable que vamos a tener que tomar una decisión en base a aquello que anide en nuestro corazón y que ojalá sea la mejor de todas para nosotros como también para el futuro de nuestro país y de nuestros descendientes.
Ojalá esta vez no nos hayamos equivocado y hayamos elegido en forma responsable en base a nuestras convicciones y principios y no a aventureros de la política a pesar de sus bonitas palabras y promesas. En el fondo flores de un día, picaflores que van de una flor a otra de acuerdo a su exclusiva conveniencia. De esos tenemos ya demasiados desde hace tiempo en nuestro parlamento, impidiéndonos llegar a aquellos acuerdos fundamentales que necesitamos.

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