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Defensor del turista

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Una hora y media de atochamiento para un trayecto que no debería demorar más de 10 minutos, entre el hospital de Coquimbo y el sector de El Panul. Una hora y media para cientos de vehículos cargados con turistas un día domingo a mediodía. Una hora y media que sin lugar a dudas puede arruinar un día de vacaciones para familias que tienen colo cuatro o cinco días para visitar esta zona.
Y claro, los más distantes dirán “por qué no sale antes”, “por qué no prepara su viaje”. Pero realmente la pregunta es otra. Por qué la autoridad no visualiza el problema y exige una mejor ejecución de la obra, con alternativas, doble calzada provisoria, presencia de carabineros, asistencia para los vehículos en pane o una mayor información, insistente, oportuna y clara sobre el estado de la ruta.
Llama la atención que la autoridad no se inmute y todo siga tal cual.
Considerando que es el habitual majestuoso ingreso a Coquimbo para quienes vienen por la carretera desde el sur, puede transformarse en un defraudante inicio de vacaciones.
El asunto es que además de todo es una obra concesionada a un privado, por lo cual sería solo un asunto de exigir mejores condiciones, ni siquiera hablamos de nuevas licitaciones, ni contraloría ni permisos con recursos públicos, es solo gestión de alcaldes o de quien sea que se conmueva por esos turistas que deben soportar ese trance.
Existe un popular reel en redes sociales en que se muestran diversas situaciones defraudantes, como lluvias torrenciales, algas en playas caribeñas o incendios en parques nacionales, acompañados de la voz de una mujer que grita “mis ahorros”, “!!!mis ahorros!!!”. Pero la gran diferencia con lo que ocurre en el ingreso sus de Coquimbo es que es una situación totalmente voluntaria, predecible, planificable, evitable, respecto de la cual la autoridad debería ser capaz de reaccionar.
Así como existe un defensor penal o un defensor tributario, quizá debería existir un defensor del turista, que sea capaz de observar todos estos grandes detalles que pueden transformar la experiencia en una desagradable aventura.

Víctor H. Villagrán
Editor Semanario Tiempo

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