
A juicio de diversos especialistas, generar programas de nivelación de estudios y incorporar mallas que permitan aprender oficios, podrían ser herramientas útiles para convocar y retener a una parte significativa de los jóvenes. Además, encienden las alarmas sobre el desarrollo de habilidades esenciales para la vida adulta.
Por: Bastián Álvarez Pardo
Una compleja realidad es la que develó la última encuesta CASEN, de 2024, que estableció que, en el país, más de 360.000 jóvenes no estudian ni trabajan, los denominados “ninis”.
Y de ellos, más de 18.000 jóvenes de entre 15 y 24 años viven en la Región de Coquimbo, de acuerdo con información del Instituto Nacional de Estadísticas (INE).
La situación genera aún más inquietud si se considera que en más de un 58% de los casos, no existe una razón concreta que lleve a los jóvenes a marginarse del sistema educativo y laboral, caso contrario al de aquellas personas que están excluidas por haberse convertido en padres o madres, tener responsabilidades de cuidado o encontrarse en situación de dependencia.
Especialistas explican que existen factores tanto estructurales como individuales, que excluyen a los jóvenes del sistema educativo y laboral y que, además, inciden directamente en las decisiones que toman en torno a sus proyectos de vida.
Fernanda Álvarez, psicóloga especializada en el área infantojuvenil y con trayectoria en contextos educativos, explica que “uno de los factores relevantes en este fenómeno se relaciona con los estilos de crianza. En particular, la sobreprotección sostenida en el tiempo puede limitar el desarrollo de habilidades esenciales para la vida adulta, como la toma de decisiones y la tolerancia a la frustración”.
A esto se suma un elemento que se observa con frecuencia en jóvenes: el temor a la adultez. “Asumir responsabilidades, sostener rutinas, tomar decisiones vocacionales y proyectarse en el tiempo puede resultar abrumador, especialmente cuando no se han desarrollado herramientas internas para enfrentar el mundo laboral y desplegar los propios recursos personales. En este contexto, la inacción muchas veces responde más a un bloqueo emocional que a una falta de interés”, detalla Álvarez.
De acuerdo con Karen Vargas Santander, Directora de la Escuela de Ciencias Empresariales y del Observatorio Laboral Regional (OLR) de la Universidad Católica del Norte, “el mercado del trabajo no está logrando convocar ni retener a una parte significativa de la juventud chilena, lo que se puede traducir en el largo plazo como un menor capital humano, una menor productividad y una creciente desigualdad”.
“El desafío es construir trayectorias laborales sostenibles. No basta con la creación de oferta formativa, sino que también se deben resolver las barreras de acceso, pertinencia y calidad del empleo al que acceden los y las jóvenes”, agrega la especialista.
Oferta laboral y educativa limitada
El Dr. Rolando Tiemann, Director de Sociología de la Universidad Central sede Región de Coquimbo, explica que “en regiones como la nuestra, con una economía fuertemente concentrada en sectores extractivos y estacionales, la oferta educativa y laboral para jóvenes es estructuralmente acotada”.
Y aquello no solo limita el acceso efectivo, sino que también moldea las expectativas: “Cuando un joven no ve en su entorno trayectorias educativas o laborales que le resulten viables o significativas, la desvinculación difícilmente puede entenderse como una elección plenamente libre”, complementa Tiemann.
A ello se suma una dimensión más subjetiva, que puede leerse como una crisis de sentido: muchos jóvenes no rechazan el estudio o el trabajo en abstracto, sino formas de inserción marcadas por la precariedad, la baja proyección y la falta de vínculo con sus proyectos de vida. “En ese contexto, el aumento de esta cifra no debería interpretarse como desinterés juvenil, sino como una señal de debilitamiento de los horizontes de integración social”, señala el especialista.
¿Cómo integrarlos?
La siguiente pregunta, tras el diagnóstico de por qué cada vez más jóvenes están excluidos del sistema educativo y el mundo laboral, es cómo se puede apoyar su reinserción y participación.
Para Juan Rojas Palma, sociólogo y magíster en pensamiento latinoamericano, “los incentivos más efectivos combinan dimensiones materiales, simbólicas y pedagógicas. En primer lugar, una re-vinculación educativa significativa, con programas flexibles de segunda oportunidad o educación modular, currículos contextualizados a la realidad territorial que permitan estudiar oficios; además de becas, subsidios o ingresos condicionados a la permanencia educativa”.
Además, señala el especialista, es relevante generar programas de inserción laboral con acompañamiento real, donde los jóvenes sean actores válidos, no solo beneficiarios y enfoques que valoren su experiencia.







