
En la Región de Coquimbo, esperar horas en una sala de urgencias se ha vuelto parte de la experiencia cotidiana de cientos de familias. Hospitales como el San Pablo de Coquimbo, Hospital de La Serena y el Hospital Provincial de Ovalle operan al límite: falta de especialistas, déficit de personal, aumento poblacional y una atención primaria que muchas veces no logra contener la demanda.
El problema es estructural. Comunas como La Serena y Coquimbo han crecido rápidamente, pero la inversión en salud no ha seguido el mismo ritmo. Cuando la atención primaria no da abasto o no tiene horas disponibles, la urgencia se convierte en la única puerta de entrada. Lo que debería atender emergencias vitales termina resolviendo cuadros que podrían haberse tratado antes.
El resultado es visible: pacientes en camillas en pasillos, profesionales agotados y usuarios frustrados. No es solo una cifra; es la madre que espera con su hijo con fiebre alta, el adulto mayor con dolor persistente, el trabajador que posterga su atención por miedo a perder un día completo en la sala de espera.
Mejorar los estándares mínimos en salud crítica es un desafío complejo. No basta con más infraestructura: requiere personal capacitado, protocolos claros, gestión eficiente y coordinación entre niveles de atención. Cada minuto cuenta, y en un sistema donde el tiempo se dilata, incluso el más pequeño retraso puede tener consecuencias graves.
Aun así, los equipos de salud sostienen el sistema con vocación y esfuerzo admirable. La verdadera discusión debe centrarse en políticas públicas de largo plazo: fortalecer la atención primaria, ofrecer incentivos para que especialistas no solo lleguen a la región sino que también se integren al sistema público, modernizar infraestructura y garantizar estándares mínimos de calidad que protejan a todos los pacientes.
La salud no puede depender del azar ni de la capacidad de “aguantar” en una sala de espera. En un contexto tan sensible como la atención crítica, garantizar acceso oportuno y de calidad no es una opción: es una obligación. Mientras no se aborde con decisión, el tiempo seguirá siendo el paciente más crítico de todos.





