{"id":20378,"date":"2026-07-20T03:13:39","date_gmt":"2026-07-20T03:13:39","guid":{"rendered":"https:\/\/www.semanariotiempo.cl\/?p=20378"},"modified":"2026-07-20T03:13:39","modified_gmt":"2026-07-20T03:13:39","slug":"la-tormenta-perfecta-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.semanariotiempo.cl\/?p=20378","title":{"rendered":"La tormenta perfecta"},"content":{"rendered":"<p>La meteorolog\u00eda moderna ya no habla del clima en los t\u00e9rminos apacibles del siglo pasado. Los mapas satelitales que hoy vigilan el oc\u00e9ano Pac\u00edfico muestran un gigante en formaci\u00f3n: un r\u00edo atmosf\u00e9rico de categor\u00eda extrema que se aproxima a nuestras costas.<br \/>\nPara la Regi\u00f3n de Coquimbo \u2014un territorio hist\u00f3ricamente golpeado por una megasequ\u00eda implacable\u2014, los pron\u00f3sticos rozan la ciencia ficci\u00f3n de la crisis clim\u00e1tica: se proyectan acumulados que podr\u00edan superar los 200 mm de agua en solo tres d\u00edas, concentrados en comunas como Combarbal\u00e1 y Chillep\u00edn.<br \/>\nEsta inminente \u201canomal\u00eda\u201d no es un hecho aislado ni un capricho de la naturaleza. Es el violento recordatorio de que la inacci\u00f3n global ante el cambio clim\u00e1tico ya no es una advertencia para las pr\u00f3ximas generaciones; es una realidad que hoy golpea nuestras puertas con la fuerza de un diluvio.<br \/>\nSin embargo, la f\u00edsica de la atm\u00f3sfera es democr\u00e1tica, pero la geograf\u00eda de nuestras ciudades y la precariedad de nuestras vidas no lo son. El agua caer\u00e1 sobre el mismo suelo, pero las consecuencias se repartir\u00e1n seg\u00fan la brutal asimetr\u00eda de la desigualdad socioecon\u00f3mica.<br \/>\nMientras que para los sectores m\u00e1s acomodados de la regi\u00f3n el temporal implicar\u00e1 refugiarse bajo techos seguros y teletrabajar, para miles de familias en asentamientos informales, viviendas precarias o zonas rurales del Choapa y el Limar\u00ed, la lluvia es una amenaza existencial. El agua que promete aliviar los secos embalses de la zona tambi\u00e9n amenaza con arrasar los hogares de quienes han sido empujados a vivir en los bordes de quebradas, lechos secos y zonas de remoci\u00f3n en masa. Esta tormenta act\u00faa como un esc\u00e1ner social que expone, sin piedad, nuestras grietas m\u00e1s profundas.<br \/>\nPor a\u00f1os, la pol\u00edtica p\u00fablica ha respondido a estas cat\u00e1strofes glorificando la \u201cresiliencia\u201d de los afectados. Pero aplaudir la capacidad de los ciudadanos para levantarse del lodo es una forma sutil de romantizar la desprotecci\u00f3n y justificar la inacci\u00f3n del Estado. Coquimbo, enfrentado a un diluvio hist\u00f3rico en un suelo erosionado y des\u00e9rtico, no necesita discursos heroicos sobre la resiliencia colectiva; necesita infraestructura de evacuaci\u00f3n de aguas lluvias, planificaci\u00f3n urbana que respete las cuencas naturales y justicia habitacional b\u00e1sica.<br \/>\nLa verdadera adaptaci\u00f3n clim\u00e1tica no se mide por la cantidad de sacos de arena distribuidos antes del viento, sino por la reducci\u00f3n de la vulnerabilidad de las personas. Si no entendemos que adaptarnos al colapso clim\u00e1tico exige, ante todo, combatir la profunda desigualdad social que define el impacto del desastre, seguiremos atrapados en un ciclo infinito de tragedias evitables. Salvar vidas en la pr\u00f3xima tormenta no se lograr\u00e1 \u00fanicamente mirando al cielo para medir los mil\u00edmetros de agua, sino corrigiendo de una vez por todas las deudas estructurales que arrastramos en la tierra.<\/p>\n<p><strong>V\u00edctor H. Villagr\u00e1n<\/strong><br \/>\nEditor Semanario Tiempo<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La meteorolog\u00eda moderna ya no habla del clima en los t\u00e9rminos apacibles del siglo pasado. Los mapas satelitales que hoy vigilan el oc\u00e9ano Pac\u00edfico muestran un gigante en formaci\u00f3n: un r\u00edo atmosf\u00e9rico de categor\u00eda extrema que se aproxima a nuestras costas. 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