{"id":19762,"date":"2026-05-15T02:35:59","date_gmt":"2026-05-15T02:35:59","guid":{"rendered":"https:\/\/www.semanariotiempo.cl\/?p=19762"},"modified":"2026-05-15T02:35:59","modified_gmt":"2026-05-15T02:35:59","slug":"pedagogia-en-chile-y-la-deuda-con-la-neurodiversidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.semanariotiempo.cl\/?p=19762","title":{"rendered":"Pedagog\u00eda en Chile y la Deuda con la Neurodiversidad"},"content":{"rendered":"<p>En los \u00faltimos a\u00f1os, Chile ha dado pasos legislativos significativos hacia la inclusi\u00f3n. La promulgaci\u00f3n de la Ley 21.545, conocida como Ley TEA, marc\u00f3 un hito al exigir que las instituciones de educaci\u00f3n superior aseguren ambientes inclusivos. Sin embargo, al observar las aulas de nuestras escuelas y las mallas curriculares de las facultades de educaci\u00f3n, surge una contradicci\u00f3n inquietante: estamos exigiendo a los futuros profesores que naveguen por un oc\u00e9ano de diversidad para el cual solo recibieron un manual b\u00e1sico de nataci\u00f3n.<br \/>\nLa realidad es cruda. Mientras la prevalencia de diagn\u00f3sticos de neurodivergencias \u2014como el autismo, el TDAH o la dislexia\u2014 aumenta en las salas de clases, la formaci\u00f3n inicial docente (FID) en Chile parece haberse quedado estancada en un modelo del siglo pasado. La mayor\u00eda de los curr\u00edculums universitarios de pedagog\u00eda general b\u00e1sica o media relegan la inclusi\u00f3n a una asignatura electiva o a un m\u00f3dulo perif\u00e9rico. Se sigue tratando la neurodiversidad como una \u201cexcepci\u00f3n\u201d o un problema que debe resolver el Programa de Integraci\u00f3n Escolar (PIE), en lugar de entenderla como la norma de cualquier grupo humano.<br \/>\nInvestigaciones recientes en el pa\u00eds revelan que una proporci\u00f3n alarmante de egresados de pedagog\u00eda siente una profunda inseguridad al enfrentarse a su primer a\u00f1o laboral. No es falta de vocaci\u00f3n, es falta de herramientas. El dise\u00f1o curricular universitario a\u00fan prioriza una ense\u00f1anza homogeneizante, donde el \u00e9xito pedag\u00f3gico se mide por la capacidad de que todos los estudiantes aprendan lo mismo, al mismo tiempo y de la misma forma. Este enfoque no solo es ineficiente; es una forma silenciosa de exclusi\u00f3n.<br \/>\nEl problema de fondo es la desconexi\u00f3n entre la teor\u00eda y la pr\u00e1ctica. Si bien se ense\u00f1a el concepto de Dise\u00f1o Universal para el Aprendizaje (DUA), este suele quedar en el plano de lo abstracto. No basta con que un futuro profesor sepa definir qu\u00e9 es la neurodiversidad; necesita saber c\u00f3mo planificar una clase de matem\u00e1ticas que sea accesible para un ni\u00f1o con procesamiento sensorial distinto o c\u00f3mo gestionar una crisis en el aula desde la empat\u00eda y la regulaci\u00f3n, no desde la sanci\u00f3n.<br \/>\nPara que la Ley TEA y otras normativas de inclusi\u00f3n no se conviertan en \u201cletra muerta\u201d, las universidades deben asumir un compromiso \u00e9tico y pedag\u00f3gico. Es imperativo que la neurodiversidad atraviese de manera transversal todo el curr\u00edculum de pedagog\u00eda. Esto implica que las did\u00e1cticas de lenguaje, ciencias o artes incorporen desde su g\u00e9nesis la variabilidad del aprendizaje. No podemos seguir formando profesores que vean en la diferencia un obst\u00e1culo, sino profesionales que entiendan que la riqueza del aula reside precisamente en sus distintos ritmos y cableados neuronales.<\/p>\n<p><strong>V\u00edctor H. Villagr\u00e1n<\/strong><br \/>\n<strong>Editor Semanario Tiempo<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En los \u00faltimos a\u00f1os, Chile ha dado pasos legislativos significativos hacia la inclusi\u00f3n. La promulgaci\u00f3n de la Ley 21.545, conocida como Ley TEA, marc\u00f3 un hito al exigir que las instituciones de educaci\u00f3n superior aseguren ambientes inclusivos. 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