No hay por dónde

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Es que realmente la situación está al límite.
Nuestra región lidera negativamente en tres de los indicadores más significativos en materia económica y social. El más alto nivel de desempleo que llegó al 9,8% en el último trimestre móvil; el menor crecimiento económico del país con apenas un 0,2% muy distante del 11,2% que ostenta Los Lagos o el 10% de Valparaíso; y, por último, ahora tenemos el menor porcentaje de ejecución presupuestaria a nivel nacional con sólo un 12,8% a junio, también representando no sólo una cifra relativamente menor, sino que es la mitad del promedio nacional, la peor de todas las regiones, dramáticamente distante de la ejecución sobre el 55% que tienen en la región del Bio Bio, por ejemplo.
Las razones pueden ser muchas, pero lo cierto es que a esos datos objetivos, claros y contundentes, se suma una pésima relación al interior del gobierno regional, en el que no se ve futuro promisorio. No sólo por el trato humano, sino que en términos políticos y lo que es más grave en la ineficacia para poder solventar los desafíos regionales más básicos. De hecho, ni siquiera se ha podido consolidar un equipo de trabajo completo y sólido.
Y en este contexto es que se dan peleas pequeñas, conflictos inútiles, discusiones que no aportan nada a la región. Ni siquiera a quién las provoca.
Si bien es cierto no todos los problemas pueden ser responsabilidad de una sola persona, tampoco hay que minimizar la falta de liderazgo evidente que ha contribuido de manera significativa para que estas cifras se produzcan.
Pero hay que seguir remando con lo que hay. Lo que sí se esperaría, eso sí, es que el resto de los integrantes de cuerpos colegiados y autoridades regionales sepan buscar formas de solucionar estos entuertos y no sólo quedarse en la queja o el conflicto. Ya está clara la película, no hay mucho más que discutir. Lo que queda es tratar de empujar el carro y probablemente trabajar el doble para llenar el vacío evidente.
Por lo pronto, no claudicaremos en insistir sobre al necesidad de contar con una buena Estrategia Regional de Desarrollo. Al menos avanzar en el proceso con especialistas, el cual quedó inconcluso antes del estallido social.

Victor H. Villagrán
Editor Semanario Tiempo

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