Deuda de 3,4 millones de dólares y “efecto estallido social” obligó a la liquidación forzosa de viña Tamaya

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Según se difundió en prensa nacional, debido al estallido social no habría prosperado una larga negociación con inversionistas chinos que buscaban la propiedad de la viña, ubicada en Cerrillos de Tamaya, en la provincia del Limarí.
La vitivinícola precisó un préstamo por 4 millones de dólares al banco Rabobank –hoy RaboFinance- en 2014, el cual comenzó a pagar en 2017 llegando a abonar un total de 582 mil dólares hasta 2018.

tamayaRené Merino, médico cirujano de profesión, decidió hace más de una década abandonar su ejercicio, el cual le consumía una gran parte de su tiempo, tal como señaló en prensa de la época. Así decidió entrar de lleno en la industria del vino, adquiriendo en 2008 la totalidad de Viña Tamaya, y llegando a ser incluso el líder de la asociación gremial Vinos de Chile entre 2011 y 2014.
En términos de calidad, Merino supo producir en Tamaya vinos de excelsa calidad, los cuales han obtenido reconocimiento internacional, logrando por ejemplo, con sus reservas 2012 de cepa Syrah y Carmenere, medallas de plata y bronce respectivamente, en los Decanter World Wine Awards 2015, una de las más prestigiosas premiaciones a nivel mundial. Además llevó a Merino al puesto de Presidente de la Asociación “Vinos de Chile”, que promueve la calidad del vino chileno por el mundo.
Sin embargo, esa calidad no se proyectó en un éxito económico, provocando que en 2013 el cirujano llegara a suspender su membresía de Vinos de Chile. En concreto, según El Mercurio, Merino atribuyó la situación en aquel momento al bajo cambio que enfrentaba la industria y al difícil escenario del sector vitivinícola.
Semanario Tiempo se contactó con René Merino para conocer mejor la crisis de Viña Tamaya, sin embargo declinó hablar, señalando que ya está todo dicho y es público “no quiero ni voy a seguir hablando del tema”, señaló.

Liquidación forzosa
Fue el mismo Merino el que vio como en diciembre de 2019, el 29º Juzgado Civil de Santiago sentenciaba la liquidación forzada de la Viña, por una deuda impaga de 3,4 millones de dólares al banco agrícola Rabobank –hoy RaboFinance-.
La deuda nació de un préstamo que hizo la entidad bancaria por 4 millones de dólares a la Viña en el año 2014, el cual debía ser pagado en 6 cuotas anuales y sucesivas –comenzando en 2017-, las primeras cinco eran de 400 mil dólares, mientras que la última acumulaba la “friolera” de 2 millones de la divisa americana.
Sin embargo, la vitivinícola solo pudo solventar la primera al completo, cubriendo parcialmente la segunda cuota, totalizando un pago de 582 mil dólares entre ambas, por lo que la deuda se estancó en 3,4 millones. Situación por la cual RaboFinace en octubre de 2019 decidió presentar una demanda por liquidación forzosa, la cual el 29º Juzgado civil de Santiago confirmó y resolvió en diciembre.
Liquidación forzosa que pudo haberse evitado unos meses atrás, cuando existió interés de inversionistas chinos por comprar la vitivinícola, con los cuales René Merino tenía fijada una reunión en noviembre pasado que no se consumó, ya que los interesados desistieron luego de la erupción social. Según le indicó el dueño de Tamaya a El Mercurio.

Calidad superior
La Viña Tamaya, ubicada a en el valle del Limarí, que según la empresa contaba con unas 3000 hectáreas de superficie, de las cuales 800 estaban plantadas, y 163 correspondían a viñedos. 163 hectáreas que concentraban la producción de vinos de excelencia.
Hace algunos años, el enólogo con pasado en Tamaya, y hoy socio de la vitivinícola Viña Tololo, José Pablo Martin le explicaba a El Mostrador el por qué los brebajes de la vitivinícola de Quebrada Seca alcanzaban tales cotas de fineza y exquisitez.
Sobre la tierra en la que se plantaron las cepas, aseguró que al ser suelos calcáreos con mucho carbonato de calcio “éste genera grandes complicaciones para que la planta fructifique, pero hace que lo que sale sea poco, muy concentrado y con mucho sabor”.
Mientras que del clima afirmó que “en la época en que está la fruta colgada en espera de la cosecha para transformarse en vino, prácticamente no hay lluvia, pero no es solo eso. Hay temperaturas moderadas porque estamos cerca de la costa. Entonces tenemos una influencia fría muy potente que hace que la temperatura máxima media entre enero y febrero no pase de los 26 grados celcius. Y si bien la radiación solar es ‘atómica’, lo que puede ser malo para la planta, finalmente la beneficia porque hay tanta luz, tanta radiación, que no es capaz de sintetizar toda esta energía y cerca del mediodía colapsa y se cierra”.

El legado
No obstante Tamaya corre el riesgo de perecer, otro consorcio de la industria del vino ya está instalado desde 2018 en las mismas viñas donde operaba la anterior. Se trata de Viña Tololo, conformada por cinco socios: Elio Elorza, Óscar Martínez, Günther Kyling, Alex Kyling, y José Pablo Martin, aquel que ya estuvo en las filas de Viña Tamaya.
Entre sus variedades de vino tienen Carmenérè, Syrah, Late Harvest, Rosé, y la exclusiva cepa Pedro Ximénez. Como su predecesora, Tololo busca competir en un mercado de productos Premium de máxima calidad.
Si bien una viña referente de nuestra región de Coquimbo pasa por momentos tormentosos, la industria vitivinícola en la región aún conserva grandes productores, como las Viñas Tabalí, Falernia, Ocho Tierras, Francisco de Aguirre, Choapa, Soler, entre otras. Agentes que aportan para que hoy Chile sea el cuarto en mayor volumen de exportación de vinos a nivel mundial, solo detrás de España, Italia y Francia, según la OIV (Organización Internacional de la Viña y el Vino).

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