La “mega cirugía” a la ex Cárcel de La Serena que se transformará en el Centro de Diagnóstico más grande del país

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A pala se excavó espacios de 1×1 para construir 222 pilas de concreto que soportaron la base del edificio de 6 niveles. Luego se retiró 91 m3 de material y las maniobras estuvieron restringidas por un perímetro saturado de vehículos en hora punta y el funcionamiento de servicios relevantes para la comunidad. En total, $73.500 millones para su construcción, además de equipamiento y compra de equipos.

cdtSin duda la construcción del Centro de Diagnóstico Terapéutico (CDT) del hospital San Juan de Dios de La Serena es una obra constructiva única. Y es que solo se conocía su proceso previo: el alivio del área de consulta ambulatoria del añoso nosocomio serenense; el plebiscito que definió reconvertir la excárcel en centro de salud; la extensa tramitación patrimonial para aprobar su diseño; el rescate arquitectónico de la cúpula y otros lugares del recinto; la falta de recursos para materializar el proyecto, entre otras.
Pero el cercado que solo deja ver los tres niveles superiores del edificio de 41 mil m2, esconde un tesoro constructivo que pocos saben. Hoy, el proyecto cuenta con un 47% de avance.
Semanario Tiempo accedió al recinto médico que por contrato debe ser entregado al término de marzo del 2021, pero que incluso podría ser entregado a fines de este año, transformándose en el primer CDT de la región y el más grande de Chile.

“Es un proyecto muy anhelado por la comunidad, que permitirá mejorar las prestaciones de salud entregadas por el hospital de La Serena. Será el primer CDT de nuestra región y el más grande del país, beneficiando a más de 370 mil personas”, cuenta el director del Servicio de Salud Coquimbo, Claudio Arriagada, quién agrega que su infraestructura considera áreas de tratamientos ambulatorios como hemodiálisis, oncología, medicina física y rehabilitación; además de un edificio de diagnóstico de distintas especialidades médica, todo diseñado con altos estándares de eficiencia y tecnología clínica. “Para llevar adelante estas atenciones, el centro contará con una dotación de personal estimada de 550 funcionarios, entre personal médico y administrativo”, dice.
Y es que en los aspectos de construcción sorprende desde gran excavación de sus tres niveles inferiores. A punta de pala, un grupo especializado de trabajadores hizo pequeños cuadros de 1×1, hasta los 16 metros de profundidad, en todo el perímetro del terreno, circunscrito entre las calles Anfión Muñoz, Larraín Alcalde, Amunátigui y Benavente. El proceso, conocido como “Entibación por pilas”, facilita construir la fundación, los muros de contención, mantener el piso y las arterias aledañas.
222 pilas sostienen la construcción que costó $58.500 millones solo en su edificación, a cargo de la empresa Moller & Pérez-Cotapos. Otros $15 mil millones permitirán dotarlo con su equipamiento clínico: solo un resonador saldrá $1.500 millones en adquirirlo.
Juan Carlos García, arquitecto e ITO de la obra, exhibe el túnel que conectará el servicio de Urgencias del hospital con los más de 100 boxes de atención a pacientes, cuyas prestaciones especializadas abarcan además obstetricia, odontología, pediatría, ginecología, y otras áreas de imagenología, rayos x, scanner, entre otras.
El espacio, de seis niveles en total, contará con seis pabellones ambulatorios de alta complejidad que permitirá a los pacientes derivarse a urgencias y hospitalización por el corredizo subterráneo. Aparte, tendrá un servicio oncológico con una unidad de tratamiento del dolor, farmacia oncológica, y un sector de hemodiálisis y laboratorio. “El edificio está pensado para que funcionen conectados”, asegura García. Tendrá un ahorro energético del 20% en el consumo de energía.

Trabajos
cdtsEn total, unas 520 personas aún se mantienen en labores constructivas. El peak llegó a los 570 empleados en diciembre pasado y se mantiene firme la obra dentro de los plazos programados. Moller & Pérez-Cotapos tiene experiencia en el rubro, pues actualmente edifica recintos asistenciales en Angol, Padre Las Casas, Las Higuera-Talcahuano y San Antonio.
Son dos turnos de trabajo que funcionan a toda máquina, solo interrumpidas por el estallido social que obligó a reducir el horario hasta las 15:00 horas. Ello tranquilizó el ritmo constructivo y redujo la productividad en un 20% durante noviembre y diciembre.
El terremoto de enero del 2019 también hizo de los suyo, principalmente el área patrimonial –de 3 mil m2 en total– puesto que afecto algunas paredes que lo obligó a no intervenirlo hasta por tres meses, luego de la aprobación del Consejo de Monumentos Nacionales.
Sin embargo, el acelerado compás de trabajo no cesa, pese a la complejidad de trabajar con restricciones propias de la urbe se mantienen. “Este edificio tiene demasiadas restricciones (…) tacos, y calles de entrada y salida del centro de La Serena. Tengo a la PDI al frente”, enumera García. Incluso, añade, se debió recurrir a un predio en el sector de peñuelas para descargar los materiales y maquinarias, las que posteriormente eran transportadas en camiones más pequeños al casco histórico de la ciudad.

La complejidad de áreas patrimoniales
La ex cárcel de La Serena tiene un diseño que conserva dependencias patrimoniales que serán usadas para actividades administrativas del CDT. Los que antes fueron los cuartos de los reclusos, donde el claustro obligó a pernoctar hasta 20 personas en espacios 2×3, hoy están siendo rescatadas, con el máximo respeto. También se están reforzando paredes y techumbres con materiales más sólidos, puesto que el encierro hizo que los presos socavaran las paredes para colocar camastros.
Verónica Aros, Coordinadora de Arquitectura y Patrimonio, detalla que el rescate patrimonial consiste las especificaciones técnicas del diseño permitieron hacer convivir un inmueble de hormigón armado, de líneas simples, con un edificio patrimonial con ritmos continuos, donde abundan ventanas con arcos que conforman una arquitectura típica de 1891.

“Es un lenguaje que combina elementos a través de una función. Una función hospitalaria más abierta a un público, donde generamos salud, contra un edificio que fue concebido para reclusión que genera encerramiento a la ciudad”, sostiene.
La excárcel funcionó hasta el año 2006, y el edificio quedó solo hasta cinco años después cuando fue entregado al Servicio de Salud Coquimbo. Entre ese proceso, el Consejo de Monumentos Nacionales zanjó que se debía mantener las cuatro esquinas del inmueble, la nave central, la cúpula y los pabellones de celdas.

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