Investigador explica cómo los crianceros de cabras de la zona, estarían tolerando mejor la lactosa a nivel genético

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El investigador se dedicó a estudiar la adaptación al consumo de leche que poseen estas comunidades, logrando ser portada en la revista Annals of Human Genetics. Entre sus conclusiones destacó que es posible que en algún pasado remoto los individuos que, por azar, mantenían una sección de su genoma sin mezclarse, lograban digerir mejor la leche, lo que apunta a que digerir mejor la leche contribuía a su reproducción o supervivencia.

ganado¿Pide su café cortado sin lactosa? Esta bebida caliente, una pizza o un yogurt tienen poca lactosa en comparación a un vaso lleno de leche, como lo suelen beber de manera habitual los crianceros de cabras en la Región de Coquimbo. A diferencia de estas comunidades, este disacárido le produce intolerancia a cinco de cada 10 chilenos, traduciéndose en malestares como flatulencias, diarrea e incluso vómitos. No obstante, estos grupos podrían estar cambiando la perspectiva que tenemos sobre el consumo de productos lácteos.
Así lo indicó un estudio realizado por el doctor en Antropología y académico del Doctorado en Políticas Públicas y el Centro de Investigación en Sociedad y Salud de la Universidad Mayor de Santiago, Nicolás Montalva. Investigador que dialogó con Semanario Tiempo respecto a este análisis y sus principales conclusiones.
¿Por qué el interés en estudiar la adaptación al consumo de leche que poseen los crianceros de cabras de la zona?
Montalva reveló que el interés en indagar sobre esta temática, inició como “una afortunada coincidencia” que ocurrió cuando cursaba pregrado y al mismo tiempo tomaba un curso sobre evolución humana, conjuntamente, con un curso de antropología rural. “En el curso de evolución, aprendí sobre la evolución de la capacidad para digerir la leche: la mayoría de los mamíferos pierden esta capacidad tras el destete, pero desde mediados del siglo XX, se sabe que algunas pocas poblaciones humanas mantenían la capacidad de digerir la leche durante la vida adulta. Todas esas poblaciones tenían un elemento en común: todas eran sociedades de pastores o habían sido sociedades de pastores en el pasado. En el curso de antropología rural aprendí sobre los crianceros de la Región de Coquimbo: comunidades rurales que se caracterizan, entre varios otros atributos notables, por poseer una economía al menos en parte basada en el pastoralismo de cabras y en donde prácticas como la trashumancia y el consumo de leche fresca eran comunes hasta tiempos recientes”, complementó.
De este modo, juntando ambas piezas se dio cuenta que eran parte de un rompecabezas más grande: los crianceros de locales tienen características similares a las de aquellas poblaciones que han desarrollado evolutivamente la capacidad de digerir la leche, por lo que era interesante estudiar si un proceso similar puede haber ocurrido entre los crianceros.

Es así como durante 10 años, se dedicó a analizar a estos grupos en las provincias Elqui, Limarí y Choapa. Trabajo que consistió en buscar voluntarios que accedieron a responder una encuesta sobre sus hábitos de alimentación y su composición familiar, además, de permitir medir su peso, estatura y tomar una muestra de saliva que luego fuese examinada en un laboratorio para obtener datos genéticos. Al respecto, el académico afirmó que “estos datos genéticos nos entregaban información sobre si la persona contaba con determinadas variantes genéticas que otorgan capacidad para digerir la lactosa de la leche en los adultos, además, de algunos datos sobre las similitudes genéticas entre diferentes comunidades que forman parte de una investigación que aún está en curso”.
En tanto, para el estudio sobre la adaptación al consumo de leche, “visitamos comunidades agrícolas durante 10 meses, entre los años 2011 y 2012. Obtuvimos muestras en Gualliguaica, Villa Puclaro, Canelilla de Ovalle, Barraza, El Espinal, Chalinga, Camarico, Monte Patria, La Ligua de Cogotí, Canela y Huentelauquén. Ahora, estamos haciendo otro estudio, relacionado con las estructuras familiares y los patrones de herencia, donde también incluimos El Altar, El Divisadero, Punitaqui, Rinconada de Punitaqui y Manquehua”, manifestó.

Los resultados
En consecuencia, Montalva aseveró que “al contrario de lo que podríamos pensar, las personas que formaron parte de nuestra muestra no consumen más leche ni tienen mayor frecuencia de variantes genéticas para digerir la leche que otras poblaciones chilenas, por ejemplo, de Santiago. Sin embargo, se observa un patrón interesante cuando miramos el sector del genoma en donde están estas variantes: Es un sector que en aquellas personas de la Región de Coquimbo que poseen estas variantes, tiene una apariencia similar a la de otras poblaciones que digieren la leche en la vida adulta, específicamente similar a las europeas. Empero, todo el resto del genoma es similar a la de la mayoría de los latinoamericanos, vale decir, una mezcla de características europeas e indígenas en proporciones similares. Cuando ocurre el mestizaje, lo normal es que todo se mezcle por igual, pero lo que ocurre aquí es que ese pequeño sector específico no está mezclado: como una burbuja de aceite en un vaso de agua. Buscamos este signo en poblaciones urbanas latinoamericanas y no lo encontramos”.
En relación a esto, señaló que es posible que en algún pasado remoto los individuos que por casualidad mantenían esa sección del genoma sin mezclarse, lograban digerir mejor la leche y se sugiere que digerir mejor la leche contribuía a su reproducción o supervivencia.

“¿Por qué digerir mejor la leche puede ser bueno para sobrevivir? Eso nos lleva a nuestra segunda conclusión principal: También descubrimos que las personas que poseen las variantes genéticas para digerir mejor la leche, tienen también más tendencia al sobrepeso y la obesidad. Por supuesto que el sobrepeso y la obesidad son negativos para la salud y la supervivencia, pero tenemos que pensar que pasaría si las condiciones fueran diferentes y en las características especiales de la Región de Coquimbo: La sequía, la pobreza, u otros fenómenos, pueden haber causado que en el pasado (como a veces sigue ocurriendo hoy en día), los cultivos fallen, que falte la comida o que no exista agua disponible. Ante un escenario de hambruna o de falta de agua para el consumo humano, un variante genética que permita subir de peso puede tener efectos positivos para la supervivencia, más aún si permite consumir leche que es un alimento que además contiene una cantidad importante de agua”, finalizó el investigador.

Portada en importante revista científica
La investigación del doctor en Antropología logró en enero ser portada de la prestigiosa revista británica Annals of Human Genetics, la que aborda de manera bimensual los principales estudios en relación a la genética humana, un tema que durante 2018, generó más de una polémica en la comunidad científica mundial.

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