¿Por qué nos estamos secando? Una mirada apática de la sequía

Publicado bajo: Agroindustria |
Jorge Núñez Cobo Académico ULS Investigador CAZALAC Director SCHPP

Jorge Núñez Cobo Académico ULS Investigador CAZALAC Director SCHPP

Para el lector, puede resultar paradójico que partiendo un año en que hemos visto una significativa recuperación en la capacidad regional de agua embalsada (67% aproximadamente según el Boletín Ceaza de Febrero de 2017), el título de la presente columna sugiera justamente lo contrario.
Falta de sentido común del columnista, dirán algunos. No necesariamente.
El término paradoja, de raíz griega (para y doxa) es, como señala la Enciclopedia de Filosofía de la Universidad de Stanford, «una afirmación que apela a algo que va más allá (o incluso en contra) de la opinión común (aquello que se cree habitualmente)». El punto es – y aquí la defensa de este columnista- que la doxa (mera creencia) no constituye conocimiento (creencia verdadera y justificada).
Dicho en términos simples, el que muchos, de manera optimista, crean que la actual disponibilidad hídrica post año tipo «Niño Godzilla» representa una recuperación de la oferta hídrica regional hacia condiciones de eventual «normalidad» es una creencia que no sería ni verdadera ni justificada, y más aún, podría resultar peligrosa.
El asunto no es para nada semántico, ni pretende ser tampoco un mero ejercicio académico. Todo lo contrario, por cuanto la gestión que se haga las próximas temporadas del agua acumulada en el sistema de embalses regional está fuertemente determinada por las expectativas (creencia futura) que las Juntas de Vigilancia tengan de la oferta hídrica futura. Expectativas, qué duda cabe, que también formarán parte de la correspondiente toma de decisiones del sector público al momento de evaluar la conveniencia o no (y urgencia o no) de invertir o fomentar posibles soluciones de tipo estructural a la creciente escasez hídrica regional.
En lo que sigue, entonces, la idea es ofrecer una explicación tentativa al lector de por qué <<nos estamos secando>> y, muy especialmente, por qué la significativa disponibilidad hídrica de este año podría incluso confirmar (en vez de refutar) esta afirmación, descartando así cualquier tipo de contradicción.
En primer lugar, es importante recordar que el origen principal de la disponibilidad hídrica regional (precipitaciones que se traducirán en nieve acumulada y posteriormente en caudales de deshielo) año a año corresponde a los denominados sistemas frontales –sin dejar de mencionar los núcleos fríos en altura, por cierto – que migran hacia nuestra región durante el periodo invernal.
Más aún, solamente algunos de estos sistemas (los más energéticos que pueden incluso convertirse en lo que se conoce como <<ríos atmosféricos>>) son los que definen un invierno excepcionalmente «bueno», capaz de dejar 2 o más metros de nieve en nuestra zona cordillerana.
Los factores que determinan esta disponibilidad hídrica se pueden resumir, en términos simples, entre aquellos que originan y establecen la ruta de los sistemas frontales en dirección hacia Chile y aquellos que facilitan que estos sistemas lleguen finalmente a nuestra región.
Los científicos han podido expresar la complejidad detrás de estos factores climáticos en un conjunto de indicadores que nos permiten, justamente, evaluar la facilidad o dificultad que tendrán las precipitaciones para llegar a nuestra zona durante el invierno. Entre los que facilitan la llegada de la lluvia, cuando se encuentran en una fase que denominaremos positiva (signo positivo), tenemos al fenómeno ampliamente conocido como el «Niño clásico» (o canónico, para los especialistas) y la recién descubierta a fines de los 90′ «Oscilación Decadal del Pacífico». Entre los que obstaculizarían, por su parte, la llegada de las precipitaciones a nuestra región, cuando se presentan en su fase positiva, podemos mencionar a la denominada «Oscilación Antártica» y el recientemente descubierto en 2009 por investigadores japoneses, «Niño Modoki», algo así como un primo hermano del fenómeno del Niño clásico.
El lector, en este punto, puede quedar algo perplejo. Cuando apenas empezábamos, como ciudadanos comunes, a expresarnos con cierta propiedad sobre <<cómo viene el año>> en función del Niño (o La Niña), ahora resulta que este es sólo uno más de varios factores que explican nuestra oferta hídrica invernal. El desaliento puede ser mayor incluso si, como veremos en un momento, este Niño clásico aparentemente podría empezar a tener menos importancia de la que uno creía.

«Una imagen vale más que mil palabras», dice el refrán. Por lo mismo, la Figura en adjunto intenta resumir y clarificar – se espera- lo anteriormente expuesto. De arriba a abajo se presentan los registros mensuales estandarizados (esto es, divididos por su promedio) de los últimos 102 años (1914-2016) de: a) el caudal del Río Turbio en la localidad de Varillar en la cuenca del Río Elqui, b) la Oscilación Decadal del Pacífico, c) El Niño clásico (medido en una región del Océano Pacífico conocida como Región 3.4), d) la Oscilación Antártica y e) el recientemente descubierto Niño Modoki. En todos los casos, las líneas horizontales muestran los cambios parciales de tendencia a lo largo de los correspondientes registros históricos.
En el caso del caudal (a), por ejemplo, se aprecia una tendencia general y sostenida a la baja, es decir, un régimen hídrico cada vez más seco. Como peldaños de una escalera, estos han ido en descenso, interrumpidos solamente por la leve subida de los años 80′, influenciado por los fuertes eventos Niño de aquella época. La Oscilación Decadal del Pacífico (b), cuya influencia en nuestra región fue presentada en este mismo Semanario en su edición del 5 de Agosto de 2016, muestra los cambios de largo plazo con un incremento positivo desde inicios de 2014 y un leve descenso durante el último año. En el caso del Niño clásico (c) se aprecian sus periodos positivos y negativos aunque sin tendencia aparente en los últimos 100 años.
Lo relevante, sin embargo, se presenta en las últimas dos gráficas. En primer lugar, se muestra el registro histórico de la Oscilación Antártica (d). ¿Aprecia usted la forma de escalera que sube y sube de manera sostenida? ¿Se percata usted de que cada vez presenta peldaños más altos?. Y mire usted ahora la última gráfica (e), que muestra la evolución de este «nuevo» Niño Modoki. ¿Ve usted cómo ha ido subiendo cada peldaño de manera significativa a lo largo del siglo XX e inicios del presente siglo?. Este comportamiento es fundamental para comprender por qué nos <<estamos secando>>, pues justamente estos dos factores climáticos se comportan como obstacularizadores de la llegada de las precipitaciones a nuestra región. En otras palabras, mientras más alto se ubican los escalones de sus respectivas escaleras climáticas, más difícil es para los sistemas frontales llegar e impactar favorablemente nuestra Región de Coquimbo.
Visto todo lo anterior, resulta más comprensible el por qué la capacidad hídrica acumulada regional sólo ha llegado al 67% a pesar de haber enfrentado uno de los eventos Niño más fuertes de la historia registrada. Y es que, en pocas palabras, el Niño clásico se está volviendo, aparentemente, cada vez menos importante respecto de la oferta hídrica regional. El superávit hídrico actual, altamente localizado, de los caudales de la cuenca del Río Elqui (198%-Boletín Ceaza), en comparación al registrado en los ríos Limarí (153%) y Choapa (140%), vendría a confirmar el análisis previamente expuesto.
Nos estamos secando señores. Así es. Por muy majadero que pueda parecer a quienes miran el futuro próximo de manera optimista y autocomplaciente señalando que la disponibilidad hídrica actual es más que suficiente para los próximos tres a cuatro años. Después de eso, ya se verá. Coherente con el ciclo hidro-ilógico, pasado el pánico de la sequía que tuvo por las cuerdas a nuestra región hasta hace apenas un año atrás, estamos en riesgo de caer actualmente en plena fase de apatía.

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Un comentario para ¿Por qué nos estamos secando? Una mirada apática de la sequía

  1. EL TREN QUE LLEGA CON AGUA:
    Parece una idea loca, pero podría ayudarnos en el problema de la sequía trayendo
    agua en alguibes desde el sur de chile, està podrìa ser acopiada en las estaciones que se encuentran en pleno centro de nuestra cuarta regiòn y servir para regar y tener agua para consumo humano.Esta medida servirìa como una primera medida, ya que la segunda(los embalses y la desaladora) requieren tiempo y recursos que siempre son escasos.
    El mar que està frente a nosotros nos ofrece energía limpia e ilimitada (mareomotriz) y agua que puede ser tratada en plantas desaladoras y tambien aparece un gran invento que es el uso del grafeno (serio competidor para el cobre)en el cual lograron crear filtros para manejar el agua salada a nivel molecular.
    Debemos pasar de ratòn a Jaguar, esto es necesitamos inversiones a largo plazo
    50 años a 100 años, solo así, seremos potencia.

    mauricio barraza
    17 Abril, 2017 en 10:16 PM
    Responder

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