Parece de toda lógica que en la estrategia regional de desarrollo se agregue un quinto eje destinado a los servicios.
Tradicionalmente el impulso económico estaba reconocido sólo en las áreas productivas de pesca-acuicultura, minería, agricultura y turismo. Sin embargo ya el nivel de sofisticación que han alcanzado los servicios en nuestra zona ameritaban su reconocimiento en las políticas públicas, para centrar en ellos también los esfuerzos gubernamentales por apalancar el desarrollo.
Ahora que La Serena está de aniversario, es el momento para detenerse también en este aspecto, y ver de qué manera la capital regional está contribuyendo al desarrollo global. Sin duda los ejes locales son justamente el turismo y los servicios.
El impulso turístico es indiscutible. Sin embargo, por alguna razón no logramos encumbrarnos como un referente potente en el espectro latinoamericano. Los esfuerzos se hacen y se han hecho, pero hay «algo» que falta y paradojalmente pareciera que tiene vinculación con los servicios. La oferta de servicios turísticos aun carece del grado de sofisticación y garantía de calidad de los grandes referentes del turismo mundial. Hablamos desde el transporte hasta la oferta gastronómica, pasando por rutas turísticas y capacitación técnica.
Por otra parte, en los servicios en general, existe una gran variedad y ofertas, especialmente en lo que se refiere a servicios profesionales. Están por ejemplo las plataformas de servicios médicos, de educación y de capacitación, que también generan un importante movimiento económico y atractivo para familias que buscan un lugar seguro para sus hijos. También despegan con fuerza los servicios en el área inmobiliaria, en el área minera, etc.
Una de las fortalezas que trae aparejada el desarrollo de las plataformas de servicios, es justamente mejorar la calidad de vida.
Todos los que habitamos esta ciudad sabemos que gozamos de buena calidad de vida, sin embargo nos cuesta definir en qué basamos nuestro juicio. En este sentido pareciera necesario que las autoridades comunales se detuvieran a analizar y a fijar políticas estratégicas para el desarrollo coherente y sistemático de una mejor calidad de vida para los serenenses y visitantes.
La calidad de vida no puede ser simplemente un hecho casual, espontáneo (y por lo tanto frágil y vulnerable).
Como ejemplo, la ciudad de Valparaíso siempre miró hacia el mar hasta que un día se dio cuenta del tremendo tesoro patrimonial que tenía en sus cerros. Sólo entonces, definieron estrategias para proteger y potenciar su patrimonio. Se dieron cuenta a tiempo, cuando había algo que salvar.
Algo parecido puede suceder el La Serena. Es necesario darnos cuenta y razonar que gozamos de calidad de vida. Pero también es necesario el ejercicio de definir pilares, para saber realmente qué es lo que nos distingue, para protegerlo y potenciarlo.
No vaya a ser cosa que el día de mañana, sin darnos cuenta, perdamos esta hermosa cualidad y ya sea demasiado tarde para salvar este tesoro.
Ed. 825 del 26 de agosto al 1 de septiembre del 2011
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